Espíritu terrenal

Paulo Coelho aplaude a sus más de cien millones de seguidores, se ríe de los críticos y se desentiende del cine

30.05.2008 | 00:00
Paulo Coelho posa minutos antes de su encuentro con los medios.
Paulo Coelho posa minutos antes de su encuentro con los medios.

S. FERNÁNDEZ

Paulo Coelho con lo que disfrutó de verdad -a la vista del provecho obtenido y de las menciones que entresacó ayer en su encuentro con los medios de comunicación- fue con la cena de antes de anoche en el mismo Faro de San Juan, la sala de espera o el salón de grados provisional del Centro Niemeyer, con las obras iniciadas hace apenas mes y medio. «Estuvimos mirando el mar, que era gris porque se acercaba una tempestad», explicó. Aquel instante junto al mar, el novelista brasileño lo aprovechó para reflexionar con la singularidad con que él suele: «La cocina es alquimia», sentenció. «Hay que proyectar en este mundo físico lo que sucede en el espiritual» y esto, según el brasileño, se produce en la cocina. Por ejemplo.


El autor de «El alquimista» se presentó ante las cámaras enfundado en luto, de negro, sobre el blanco de su perilla señera. Posó para los fotógrafos en uno de los pasillos del hotel en el que se aloja en estos días avilesinos, pero posó poco. «No, las fotos mejor fuera, en el jardín», dijo. Pero al final no hubo jardín, la luz quemaba todos los objetivos.


A cada paso que daba el novelista -seguido por su séquito de agentes literarias, de miembros del Niemeyer y también de la prensa- se detenía y con magisterio incomparable (es recordman mundial en firmar libros, eso es lo que, al menos, dice el «Guinness») echaba un garabato a cada uno de los libros que los fans y devotos le ponían delante. «Con amor, Paulo Coelho». Y a por el siguiente.


Minutos antes, en un salón expectante del Palacio de Ferrera y frente a los objetivos de las cámaras de televisión, el novelista comentó con satisfacción los años pasados desde la primera edición de «El alquimista». «Hay un tango de Gardel que dice que veinte años no son nada, pero sí que son muchos», señaló. Y así explicó que esta celebración es una oportunidad para «mirar atrás, para ver el recorrido de aquel pastor en busca del tesoro que salió del Sur de España», dijo.


«La primera edición de «El alquimista» no vendió nada... bueno, vendió novecientos ejemplares. Luego el boca a boca de los lectores hizo que cambiara la actitud»... Y así hasta los treinta y cinco millones de ejemplares vendidos en castellano y los cien en todo el mundo, de todos sus libros porque Coelho es todo él una superproducción, una factoría, un fenómeno. «Dice mi agente, Mónica Antunes, que son cien millones, pero yo sé que son más», aclaró. Y, a ojo de buen cubero, puso sobre la mesa dos cifras: ciento diez o ciento quince millones de ejemplares... «Pero Mónica (Antunes) eligió lo de los cien porque es una cifra más redonda», confirmó.


Así que la cosa fue de cifras más que de otra cosa. «La crítica conmigo siempre ha sido positiva, siempre me han criticado», bromeó. «Si hubiera escrito para los críticos estoy seguro de que hubiera perdido lectores», comentó. Y es que, a su entender, los críticos -así, en general- consideran que «escribir de forma directa y simple tiene que ser condenable». Y con estas apreciaciones el brasileño no se siente nada satisfecho. «La crítica me ha permitido comprometerme conmigo mismo». Es decir, si los críticos le ponen mal él reafirma el recorrido emprendido. Y, a la vista de los resultados, no le va del todo mal.


«El universo conspira para que mis deseos se cumplan», dijo, en referencia al axioma más reiterado de «El alquimista». Al principio conspiraba «para que no escribiese» y ahora conspira para mantenerse ante la página en blanco porque, según dijo, «los escritores lo que tienen que hacer es escribir... y este deseo no se termina nunca», dijo. «Puede haber momentos de alegría, de tensión, de agobio..., pero todo tiene sentido».


Paulo Coelho anunció a medias su próximo proyecto. «Lo tengo claro... tengo hasta el título», señaló. Pero nada más: «Mi política es no hablar antes de tiempo». En todo caso, y para satisfacción de sus lectores y compradores, «este mismo año tendré nuevo libro», como siempre, primero en Brasil.


Paulo Coelho, superestrella de la literatura, reconoció, sin embargo, que «no ha traicionado al niño» que fue, cuando el Colegio de los Jesuitas, San Ignacio, San Francisco Javier..., lo que me enseñaron fue disciplina. A fin de cuentas, un escritor se debe a la disciplina porque es el modo más claro para crear.


«Cada uno de mis libros son mis hijos y el más mimado siempre es el último», dijo. «Las películas, sin embargo, son mis nietas», comentó en referencia al anuncio de una película basada en «El alquimista». El cine es, para Coelho, «otra historia». «Sé que la van a filmar, de eso estoy seguro, pero no sé nada del proyecto», dijo. Explicó además que cuando en 1993 vendió los derechos de su libro le habían invitado a vivir a Hollywood. Pero, por lo que dijo, no le satisfacía la propuesta. Se dio cuenta de que era «escritor de libros y no de guiones».


Coelho también hizo un repaso a la influencia de las nuevas tecnologías. Aplaudió, en este sentido, la creación de lo que, a su modo de ver, es una «lingua franca», que ni es inglés, ni francés, ni castellano... «Es internetés».


Así que, una vida espiritual con los pies en el suelo.

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