Francisco L. JIMÉNEZ
Un grupo de armadores de altura con base en Avilés más algún otro del sector de arrastre sopesan la posibilidad de vender directamente sus capturas a los mercados centrales como única forma de conseguir hacer rentable la actividad pesquera, afectada por problemas de toda índole, el último la caída de los precios del pescado en primera venta. El año pasado los precios medios de las principales especies cayeron en las rulas españolas en proporciones que oscilaron entre el 5 y el 15%; sin embargo, los costes (gasóleo, mano de obra, reparaciones, seguros, suministros, etcétera) no pararon de subir. El resultado de esa ecuación, al decir de los armadores, no puede ser otro que la quiebra del sector.
Algunos armadores que frecuentan el puerto avilesino, como el presidente de la asociación de palangreros del Cantábrico Arpacan, Fernando Iglesias Marqués, admiten que ya han tenido contactos con directivos de Mercamadrid y Mercabarcelona, las dos mayores plataformas comerciales de España. «Las negociaciones están en marcha; veremos adónde llegamos», manifestó Iglesias, quien la pasada semana viajó a Burela (Lugo) para asistir a una reunión junto a armadores gallegos en la que se analizaron los pros y los contras de cerrar acuerdos con los mercados centrales y saltarse así los eslabones de la cadena comercial que representan los intermediarios.
Los armadores aseguran que, pagando las tasas portuarias por el desembarco de las capturas, no hay ninguna ley que les impida entrar en tratos comerciales directos con los grandes distribuidores de pescado del país e incluso hacen ver que la eliminación de intermediarios agilizaría el proceso que acaba con los peces en los mostradores de las pescaderías. No obstante, el atajo que plantean coger los pescadores tiene riesgos: el más obvio, que los comercializadores intermedios boicoteen las subastas de la rula.