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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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JAVIER GANCEDO De nuestro corresponsal,
Falcatrúas.
Hace ya una temporada que les hablamos de cómo tratar a los animales, a base de cariño, para que den más de todo, porque los animales domésticos tienen que rendir a tope durante sus años rentables y cuando empiezan a dar menos beneficio del que mandan los estándares correspondientes, se les da un último estrujón para apurar sus posibilidades póstumas.
Las vacas, una vez que rindieron a razón de treinta y tantos o cuarenta litros de leche diarios y un xato por año a lo largo de su vida laboral, sufren un proceso industrial de finiquito que implica muerte, deshidratación y molienda, yendo a parar a la sección de los caldos de carne en las estanterías del supermercado. De los cerdos, qué les voy a contar, da lo mismo que sean celtas cortos o dehesas largos, se les aprovecha hasta los andares. Las pitas acaban en sopicaldo después de dos años de echar huevos como posesas, inmovilizadas en jaulas donde no se pueden revolver; alguna vez dijimos con acidez que comían pienso por delante y cagaban huevos por detrás, o al contrario, comían huevos y cagaban pienso, en un proceso industrializado reversible, inhumano e inanimal. Tampoco se libran los otros animales, los de dos patas: de acuerdo con los patrones económicos de los ministerios de Trabajo y de Economía, deberíamos trabajar hasta los setenta años y luego morirnos inmediatamente, la viuda también, a fin de dar un resultado óptimo para las arcas del Estado.
¿Dónde quedó aquel proyecto de convenio de Comisiones Obreras, en aquellos años en que todos teníamos alguna ilusión que nos ayudaba a vivir? El famoso convenio nonato, abortado por la cruda realidad, dividía la vida del trabajador (actualmente tendríamos que hablar de los trabajadores y las trabajadoras) en tres tramos de veinticinco años, dando por sentado que viviríamos setenta y cinco de media. Los veinticinco primeros estarían dedicados a estudiar y prepararse, todo pagado por el Estado; los siguientes veinticinco, a divertirse y pasarlo bien, también a costa del Estado; finalmente, los veinticinco restantes, o los que fueran, se pasarían trabajando hasta cascar, para devolver a las arcas estatales lo que hubieran gastado en nosotros los cincuenta años anteriores. Este proyecto tal vez hubiese introducido muchos cambios en nuestra vida laboral, pero la cruda realidad dejó el romanticismo en la cuneta y Comisiones Obreras jamás de los jamases alcanzó el nivel de afiliación de aquella época.
Pero bueno, estábamos con los animales y su explotación, no nos perdamos. Los mismos iluminados que establecen estos reglamentos tan economicistas son los que pretenden obtener rendimiento de los animales salvajes, después de haber exprimido los domésticos, tan dóciles que no pueden escapar, ni lo pretenden. Tan dóciles como aquel perrín que tenía Macario el Ripia, un bildeano pirao, ya lo contamos: este manguán descolgaba al probe animal sujeto con una cuerda desde la panera donde vivían confinados los dos, dejábalo hacer unos ejercicios físicos y químicos alrededor de un pegollo y luego volvía a subilo a pulso.
Pues hablando de animales y animaladas, acaba de salir una disposición del Gobiernín multando las deposiciones de los animales en los pueblos, parece ser que ahuyentan el turismo, tras la misteriosa desaparición en Bildeo de dos visitantes catalanes en el cuiteiro(*) de un corral. Esta nueva ordenanza está crispando los ánimos de los habitantes residuales de las aldeas, porque parece que los mandamases pretenden igualar las deposiciones de un perro en la acera de una ciudad con las cagadas de las vacas y las caballerías en los pueblos.
¿No hilarían más fino estas presuntas autoridades si preguntaran a los que viven en medio de la ruralidad antes de emitir leyes y prescripciones? ¿Por qué no hablan con el padre de la rapaza? Pero no, ellos sábenlo todo y na más que consultan las encuestas. ¿Cómo se consulta una encuesta?
-Oye, encuesta, qué te parez si voy y digo a estos pueblerinos que los carros de hierba tienen que ir precintaos con cinta adhesiva en lugar de ir amarraos con una l.luria(**), con vuelta p'aquí, vuelta p'al otro lao?
Y la encuesta va y diz lo que ellos quieren que diga.
(*) Cuiteiro, montón de cucho o estiércol, almacenado en las cercanías de la cuadra, donde se va echando la producción diaria. Según sea de huevazos el dueño de la casería, puede adquirir dimensiones de pantano y adquirir la consistencia de las mierdas movedizas, en las que pueden desaparecer algún despistado.
(**) L.luria, soga bien larga y gorda con la que se sujeta la carrada de hierba, pasándola de los estadoños de un lado del carro por arriba, hasta dar vuelta en los estadoños del otro lado, de manera que no se desprenda la carga en el trayecto hasta el pajar o tenada.
Seguiremos informando.
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