Myriam MANCISIDOR
Avilés se engalanó ayer para acoger la tradicional y populosa procesión del Corpus Christi, en la que participaron más de medio centenar de niños que este año han hecho su primera comunión en el concejo. La festividad comenzó a las once y media de la mañana en la iglesia de San Nicolás de Bari, donde el párroco Ángel Garralda ofició la misa con el cáliz regalo del canónigo compostelano Alonso Rodríguez de León, que data del siglo XVII. El organista Rubén Díaz y la soprano Patricia Martínez amenizaron la eucaristía, donde no faltaron tampoco los aleteos de las aves cantoras.
Poco después, los niños tomaron la calle de dos en dos, por parejas, mientras la Banda de Música de Avilés interpretaba el himno nacional. Los seguía el Santísimo, bajo palio, portado por los miembros de la Adoración Nocturna. También asistieron autoridades locales -Miguel Ángel Villalba (ASIA), Isabel Area y Antonio Sabino (no adscritos) y Constantino Álvarez (PP)- y decenas de feligreses que decoraron el paso de los comulgantes con pétalos. Las catequistas de los pequeños, por su parte, elaboraron el manto floral que vistió el atrio del templo.
Los niños, casi todos con traje de marinero, y las niñas, de blanco, animaron las calles de la ciudad y cumplieron con el recorrido bajo la atenta mirada de sus familiares, que inmortalizaron cada instante con fotografías. La procesión transcurrió con más nubes que sol por las calles de San Francisco, El Parche, La Cámara, La Muralla, la iglesia de los Padres (desde donde se hizo la bendición con el Santísimo), La Ferrería, El Parche y San Francisco para concluir en el templo de San Nicolás de Bari, donde se entonó el «Tantum ergo». Tras la liturgia hubo vermut y fiesta. Avilés cumplió así con una fiesta de gran arraigo.