|
|
|
HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
|
JOSÉ RAMÓN CUEVA
Que listos han sido en Nueva York al dar números a las calles de la gran ciudad, la de líos que se han evitado. En cambio, en España solemos poner a las calles los nombres de políticos y de militares. Y así nos luce el pelo, que venga a colocar y quitar placas en nuestras calles, plazas y paseos, según se vayan sucediendo los turnos de partidos y de gobernantes, que en el poder no se eterniza nadie.
Echemos una ojeada a algunas calles de Oviedo, Gijón y Avilés, para comprobar en honor de quiénes han sido tituladas, y veremos que en Oviedo hay varias calles dedicadas a alcaldes de la ciudad, profesores universitarios, figuras populares, profesionales de renombre, personajes asturianos históricos, etcétera, pero también aparecen militares y políticos, y es aquí donde surgen los problemas, salvo que, además, sean personas que hayan hecho algo verdaderamente importante para la ciudad.
En Gijón y Avilés encontramos algo parecido a lo de Oviedo, aunque tal vez haya en aquellas dos ciudades menor «carga política» que la que se advierte en la capital. Un dato curioso: en Avilés existen 22 calles dedicadas a distintos ríos, entre los que probablemente se habrá colado algún «regato», porque 22 ríos me parecen muchos ríos. También disponemos en Avilés de varias calles con nombres de santos y de santas, y hasta aparecen dos plazas, una dedicada al Vaticano y otra al Papa Juan XXIII. La Iglesia católica no puede quejarse de Avilés.
Pero, a lo que vamos. Me parece que no es la mejor solución para identificar las calles y plazas de una ciudad la de ponerles nombres de políticos, militares y otros personajes más o menos relacionados con «la política», porque la política y los políticos son siempre algo variable, que tan pronto están arriba como se vienen abajo, y esto no es bueno para la estabilidad de una calle, avenida, plaza, etcétera de un pueblo. Además, las calles son de todos los ciudadanos que transitan por ellas, no son ni tuyas ni mías, son de los que andan por ellas, de modo que nadie puede atribuirse su propiedad, ni decidir caprichosamente a quien se honra con ellas.
Miren ustedes el lío que se ha organizado en Sevilla, donde los gobernantes socialistas pretenden cambiar el nombre de la avenida «General Merry» -un militar que participó en la guerra de Cuba como ayudante del famoso general Valeriano Weyler- para pasar a titular esa calle como la de Pilar Bardem, cuyo mayor mérito parece ser el hecho de haberse puesto al frente de varias manifestaciones contrarias al PP en tiempos de Aznar, y a favor -claro está- del Partido Socialista.
Lo dicho: la manía española de rotular calles con intencionalidad política es un error manifiesto, cuando se puede hacer sin dificultad a favor de personas que hayan hecho «algo» -aunque no haya sido mucho- a favor de la nación o de la comunidad de que se trate, pero sin caer en el riesgo de estar cambiando el callejero al compás de los vaivenes políticos, que siempre los hubo y siempre los habrá, hasta que el género humano -tan dotado de sabios- invente otro sistema para gobernarse.
Artículos sobre noticias de los dos últimos siglos de la Villa del Adelantado que han contribuido a desarrollar la impronta de la ciudad y sus gentes
Todas las fotografías de las noticias en una única página
| LA SELECCIÓN DE LOS LECTORES | ||
LO ÚLTIMO |
LO MÁS LEÍDO |
LO MÁS VOTADO |