02 de julio de 2009
02.07.2009

«La ley de Extranjería es inconstitucional en materia de Educación y por eso se reforma»

«Un menor sin permiso de residencia no tiene derecho a la enseñanza más allá de los 16 años, lo que es indigno»

02.07.2009 | 02:00
Carmen Pérez, ayer, en la entrada de la Casa de Cultura de Avilés.

carmen pérez


Profesora de Derecho de la Universidad Carlos III

Juan C. GALÁN

Carmen Pérez (Badajoz, 1972), inauguró el XXII encuentro nacional de la red de escuelas asociadas a la Unesco con una conferencia ágil, casi trepidante, como su manera de expresarse. Pérez, doctora en Derecho por la Universidad Carlos III de Madrid con sobresaliente cum laude, vuelve ahora a las aulas de la Universidad en la que se formó tras cuatro años como asesora de la Secretaría de Estado de Inmigración y Emigración.


-¿Cuál es la situación de los menores inmigrantes en España en materia de educación?


-Está claro que existe una contradicción entre lo que contemplan los tratados internacionales en materia de inmigración y lo que contempla la ley de Extranjería española. Los tratados internacionales, que no se pueden imponerse a las leyes nacionales, contemplan el derecho a la educación para cualquier niño, independientemente de si es inmigrante sin permiso de residencia, hasta los 18 años. Bien: la ley de Extranjería española sólo da derecho a la educación hasta los 16, insisto, en el caso de los menores sin permiso de residencia,


-Con lo cuál, existe una contradicción.


-Existe una contradicción tal que la ley de Extranjería, en este apartado, es inconstitucional. La Constitución explicita el derecho a la educación más allá de raza o condición. Así lo ha reconocido el Tribunal constitucional con una sentencia de 2006 en la que se deja claro que el Estado no puede restringir la educación a personas entre 16 y 18 años.


-¿Esta sentencia llevará consigo una reforma de la ley de Extranjería?


-Así es. No en vano, ya se ha iniciado el proceso y el Ministerio de Trabajo espera que se apruebe a finales de año. Ahora se intenta que la enseñanza apele a la dignidad de las personas sin depender de la condición administrativa del menor, esto es, si tiene permiso de residencia en el país o no, algo que cae de cajón. Es una buena reforma.


-En la práctica, ¿Cómo sabe un profesor si un alumno mayor de 16 años tiene permiso de residencia o no?


-En la práctica, las situaciones son diversas. Los inmigrantes, tengan o no permiso de residencia, se pueden empadronar, lo que les otorga una identidad social. He conocido casos de todos los tipos: desde profesores que han hecho la vista gorda, hasta situaciones en los que, indefectiblemente, la situación irregular del menor termina por descubrirse, que es lo más frecuente, porque cuando se expide el título académico se conoce si el alumno tiene permiso de residencia o no.


-No obstante, da la sensación de que aún queda mucho por hacer en este asunto.


-Efectivamente. Por ejemplo, es esencial que el Estado destine recursos a la educación pública. Nos encontramos con situaciones nuevas que hay que afrontar, niños que llegan con un contexto lingüístico y cultural radicalmente distinto al español. En este sentido, la educación es un vehículo perfecto para la integración, pero la gente se queda con la sensación de que los inmigrantes se llevan la mayoría de las becas de la educación pública.


-¿Palpa esa sensación?


-Y tanto que sí. Por eso hace falta un debate público en esta materia, y un esfuerzo conjunto entre las autonomías, a las que se han transferido las competencias, y el Gobierno central. La sociedad tampoco puede ser ajena a este debate. La integración es fruto de la interacción, esto es, no sólo es el acogido el que debe vencer la resistencia de su nueva realidad, también el que acoge debe darle facilidades para que se integre. No es de recibo que un inmigrante sin permiso de residencia no pueda seguir estudiando después de los 16 años.


-A pesar de la reforma de la ley de Extranjería, ¿Qué pasa después de los 18 años?


-España afronta ahora el fenómeno de la segunda generación de inmigrantes. Existe la figura del arraigo de menores: un padre puede ahora traer a sus hijos en un tiempo menor que cuando imperaba el proceso de reagrupación familiar. Eso quiere decir que la mayoría de menores, cuando tengan 18 años, ya tendrán permiso de residencia con lo que podría continuar sus estudios sin problemas.

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