DIANA DÍAZ
La Orquesta de «Los Adioses» empieza una nueva etapa en la que expande sus objetivos hacia nuevos proyectos. Los propósitos son claros y las formas de abarcarlos cada vez más ambiciosas, pero los artífices de la orquesta han asentado una visión no sólo popular, sino también original, de entender la música, y sin renunciar a la calidad del producto. Por eso es que «Los Adioses» tienen ahora responsabilidades renovadas.
La orquesta, flexible en su formación según el programa y con algunas incorporaciones, está en plena forma. Los jóvenes artífices del conjunto, por otro lado, avanzan en sus respectivas carreras, lo que retroalimenta la orquesta y su programación. Además, la orquesta ha logrado el interés y apoyo, por una parte, de la Administración pública. Con todo, se trata de una nueva etapa en la que el compromiso en la gestión y en el nivel interpretativo de la orquesta son palabras mayores. Sin embargo, «Los Adioses» tienen hoy ideas y medios suficientes para responder.
El primer festival «Specta Music» supuso, así, un punto de inflexión en la historia de «Los Adioses». Durante tres días, los encargados de la orquesta levantaron un programa en el que la formación avilesina convivió con otros grupos vocales e instrumentales a través de estilos musicales variados; un programa articulado de un modo inteligente con el fin de acercar la cultura musical a todo tipo de público y según el enclave del festival, el escenario de «Salinas en clave de sol». Una iniciativa, la del «Specta Music», que no sólo enriqueció el cartel estival, sino que le dio una personalidad singular.
La única asignatura pendiente sería la búsqueda previa de alternativas, si el tiempo meteorológico obligara a buscar espacios cubiertos, como fue esta vez. Por otro lado, la calidad del sonido por la que se temía, debido al escenario al aire libre y las necesidades de amplificación, estuvo lograda a través del trabajo de los técnicos.
El concierto inaugural, el viernes, fue todo un acierto. «Los Adioses» y tres de sus invitados crearon expectación combinados en un programa multicultural y polifacético. Diversión e innovación sobre el escenario, a través de los arreglos de temas para dar cabida a una orquesta «clásica», un sexteto vocal, un grupo de músicas de fusión, e instrumentistas de viento metal. Así, destacaron en el programa «My russian heart», con una variedad de aires, desde la música balcánica hasta el blues o el funky, en el que asomó además «Sheherezade» de Rimsky-Korsakov; «I get around» de los «Beach Boys», y la evolución de «Gulliver in Jerusalem», original de Sadeh.
La jornada de la tarde se completó con la presentación de los «Queen's Six», grupo heredero de la gran tradición vocal inglesa, procedente de la capilla de San Jorge, una joya gótica de Windsor. El sexteto -dos contratenores, tenor, dos barítonos y bajo-, impresionó por su empaste, afinación y calidad del fraseo, ofreciendo un sonido lleno y diáfano, que si bien destacó en los tiempos lentos y en las canciones folclóricas inglesas, se echó de menos en más variedad de repertorio, precisamente por la versatilidad que mostró el conjunto. El «Jacobo de Miguel Trío», uno de los grupos de jazz más valorados en Asturias, fue el protagonista de la primera jornada nocturna. La banda, integrada por Jacobo de Miguel (piano), David Casillas (contrabajo) y Fernando Arias (batería), se entendió a la perfección en un repertorio de grandes clásicos del pop y del rock en clave de jazz, acercando así su última apuesta, el «Eye in the Sky Project». El grupo, que en unos meses tendrá en el mercado un disco editado por Michael Lee Wolfe, repasó «hits» con gran respeto por los originales, desarrollando las melodías, armonías o el ritmo, según pidiera cada tema. De lujo.
El sábado hubo que poner al tiempo buena cara y, una vez trasladado el concierto de la tarde para el día siguiente, la jornada nocturna se celebró finalmente en el local avilesino El Cabanón logrando, al son de la banda de «Daphna Sadeh», un ambiente festivo y familiar, cercano al espíritu de la música klezmer. Las improvisaciones de los músicos -esta vez con contrabajo acústico y darbuka-, destacaron en temas magnéticos que, como el nombre de su último disco indica, «Reconciliación», rompen fronteras entre la música de los Balcanes, la música egipcia, judía y occidental.
De este modo, la Orquesta de «Los Adioses» presentó su último programa el domingo, con una interesante combinación de «Las cuatro estaciones» de Vivaldi y las «Estaciones porteñas» de Piazzolla. La nota destacada fue para los solistas -los violinistas Lorena Fernández, Aída González, Ignacio Rodríguez y José Manuel Fuentes-, que lograron un sonido preciso y de carácter. Ya por la tarde, el «Brass for Music», que reúne a músicos de viento metal de las orquestas asturianas, ofreció una actuación dinámica y original, especialmente en la segunda parte, con el tono popular de las primeras décadas del siglo XX. Uno de los momento más elocuentes fue el arranque del show, con la fusión de dos himnos, el americano «When the saints go marching in» y «El Mesías» de Haendel. El grupo salmantino «Tango Zero» cerró el festival con pareja de baile incluida. La selección del repertorio fue especialmente atrayente, dado que repasó la historia del género y encontró estilos, ritmos y compositores diversos. El único pero, que el nivel de la banda despuntó por encima del de la voz.
En resumen, un festival comprometido, refrescante, y con proyección de futuro.