Salinas, Vanessa PARAPAR
El arenal de Salinas está bajo mínimos y los bañistas quieren respuestas. Con una playa de media jornada -ya que la desaparición de árido permite que la pleamar cubra todo el arenal-, las numerosas personas que acuden a Salinas critican cada vez con más vehemencia que nadie aporte soluciones. Y mientras, la playa se muere. «Es lamentable que ondee la bandera azul y esto esté en estas condiciones», aseguraba ayer Luis Argüello señalando los desperfectos del arenal castrillonense.
Los fuertes oleajes que otros años sólo se veían en las mareas vivas, ahora se convierten en el día a día y expulsan a los bañistas. Los despistados se ven muchas veces sorprendidos por la invasión de las olas. «A las cinco y media de tarde, muchos días, nos quedamos sin playa y a nadie le importa», recrimina Carmen Fernández, una bañista avilesina.
Los bañistas aseguran que la falta de arena, pese a que Costas realizó un aporte masivo de árido hace años, se produce «desde que se arregló el espigón de San Juan». «Con esa obra cambiaron las corrientes, que son las que se llevan la arena», asegura Argüello.
Los tres metros de árido que el mar supuestamente ha arrastrado a San Juan ha dado pie a numerosos daños e incomodidades. Irónicamente hay quien dice que en Salinas se puede tomar el sol, pero que también hay una pista de escalada y una cancha de baloncesto. «Para acceder a las duchas tenemos que escalar, y las papeleras las podemos usar como canastas. Los niños no llegan ni a abrir el grifo ni pueden tirar la basura», relata Argüello mientras caminaba por el paseo salinero.
Los restos del antiguo muro de la playa han quedado al descubierto por culpa de las fuertes corrientes, dificultando el acceso a la playa a la altura de Los Gauzones. Pero no sólo la zona de El Espartal se ha visto afectada por la presencia de enormes piedras: la parte occidental de la playa está cubierta por rocas que dificultan a los bañistas a la hora de darse un chapuzón.
«Cuando nos vamos a bañar y rompen las olas en las piedras nos podemos hacer daño. Es un riesgo», explica José Ángel Rodríguez. Este problema no sólo lo sufren los bañistas: los surfistas de la zona se quejan del estado de la playa porque las grandes rocas estropean sus tablas. «Venía siempre a practicar surf a Salinas pero con el estado de la playa estamos buscando una alternativa», dice Carlos Pérez, al tiempo que abandona la playa tras una jornada de decepción.
Las corrientes también han desmejorado el acceso a las personas que sufren algún tipo de minusvalía. Según Rodríguez, avilesino que acude habitualmente a la playa castrillonense, los minusválidos ya no pueden acudir al arenal: sólo hay una rampa de acceso y se encuentra dañada. «¿Cómo pretenden que una persona en silla de ruedas se lave en unas duchas que para llegar a ellas hay que subirse al muro antiguo», recalca Rodríguez con indignación.
Pero lo que más cabrea es la falta de respuestas. «Por lo que se ve, a nadie le interesa mantener esta playa en perfectas condiciones, se gastan el dinero en las obras de los patos y se olvidan de todo lo demás. El chiringuito estaba bien para todo el mundo», explica María Jesús García mientras observaba la fuerte marea. «Gastaron el dinero en una reforma innecesaria, en vez de comprar arena», recrimina Argüello.
Pero al tiempo que la playa de Salinas se va quedando sin arena, también va perdiendo bañistas. Ya son muchos los que prefieren buscar otras alternativas para un día de playa. «Desde siempre venía a tomar el sol aquí, pero con estas condiciones prefiero ir a otro sitio», dice Fernández con gesto de enfado. «Nos estamos quedando sin playa», repetían ayer numerosos bañistas quejosos y preocupados. Y mientras el Cantábrico arrasa el arenal, reclaman que las administraciones hagan algo de una vez.