María José IGLESIAS
La globalización y las nuevas formas de comunicación también afectan a la diplomacia y generan una nueva forma de establecer relaciones entre países. Así lo puso ayer de relieve el diplomático asturiano Javier Vallaure Acha, primer introductor de embajadores del Ministerio de Asuntos Exteriores y ex embajador de España en Angola.
Vallaure, que fue el encargado de inaugurar el curso de La Granda sobre el papel del protocolo en las relaciones internacionales, matizó que los cambios son compatibles con los usos diplomáticos tradicionales, que mantienen plena vigencia.
El embajador aseguró que los nuevos medios agilizan en muchas ocasiones el trabajo de los diplomáticos, pero no sustituyen la acción personal de quienes tienen la misión de representar a su país en el exterior.
Comenzó destacando la potestad, que reside en el Estado, para entrar en relación con los demás sujetos del derecho internacional. En el caso concreto de España, por orden de jerarquía, los órganos encargados de las relaciones internacionales son el Ministerio de Asuntos Exteriores, las embajadas y los consulados. No pasó por alto que en el nuevo panorama internacional también aparecen nuevas formas de diplomacia, como la parlamentaria o la diplomacia civil, «que no existían hace años».
Advirtió de que uno de los riesgos que entraña la proliferación de entramados de relaciones estriba en que el protocolo se acaba difuminando. «Cuando todo el mundo quiere tener atributos protocolarios, esas formas de diplomacia acaban invadiendo al resto», indicó. Para definir las claves del protocolo, Vallaure acudió a una célebre cita del fallecido embajador Tomás Chávarri, que fue jefe de protocolo del Estado: «Armonía, belleza y orden».
Vallaure, que mantiene estrecho contacto con la Casa Real, como responsable de presentar a los embajadores que llegan a España, señaló que las relaciones entre los estados tienen una componente protocolaria relevante. Sencillez y sobriedad son los nuevos conceptos que imperan en la marabunta de relaciones que se entablan en la actualidad. Vallaure considera que sólo así es posible encajar cuestiones como el protocolo entre comunidades autónomas y Estado.