Francisco L. JIMÉNEZ
La anchoa, la angula, el bonito... y ahora el calamar. Todas ellas son especies marinas de gran interés pesquero en Asturias que pasan por horas bajas, por no decir que se hallan bajo mínimos. El declive pesquero asturiano amenaza con cobrarse otra pieza -el calamar- y, como suele ocurrir en estos casos, los profesionales cuya economía depende de su pesca elevan la voz para hacer oír sus quejas. Mientras hubo buenas cifras de capturas, nadie se ocupó de la existencia de furtivos o intrusos; había calamares para todos y lo más cómodo era hacer la vista gorda. Pero ha bastado el desplome de las capturas, que disminuyeron un 50 por ciento en los últimos cuatro años (de 77.680 kilos en 2004 a 38.905 kilos en 2008), y la multiplicación de las prácticas ilegales para que los pescadores con carné -los que pagan licencia profesional- se pongan de uñas.
El colectivo de profesionales, según expresaron varios pescadores a este diario, está molesto tanto por la proliferación de los intrusos y furtivos en su actividad, un fenómeno que según fuentes del sector ha repuntado debido a la crisis, como por el incumplimiento de las normas de pesca por parte de los pescadores deportivos, en especial en los que respecta a los cupos máximos de capturas y la utilización de luz para la pesca nocturna.
Los pescadores deportivos, según el decreto regional regulador de la pesca marítima recreativa (25/2006 de 15 de marzo), sólo pueden capturar cinco kilos de peces o cefalópodos y, en el caso de los practicantes de pesca submarina, ni siquiera una pieza de los segundos. Pese a la existencia de estos límites, los pescadores profesionales denuncian que es frecuente tanto el exceso de cupo entre los deportivos como la venta directa de las capturas a los restaurantes, hecho que vulnera la ley pues ésta prohíbe toda comercialización de los productos frescos de la mar que no se haga a través de las lonjas.
La polémica de la luz tiene que ver con la utilización de faroles o pantallas a bordo de las embarcaciones que pescan calamares para atraer el pescado a su alrededor durante la noche. Los calamares siguen el rastro del alimento y, al concentrarse alrededor de los barcos, resulta más fácil capturarlos. El uso de luz está permitido a los profesionales, pero no al resto. «Debería vigilarse un poco más, para evitar abusos», reclama un pescador pixueto que no desea ser identificado.
La costera del calamar de este año va «a tirones», según comentario generalizado en la rula de Avilés. Ayer, a las 5 de la tarde, sólo una caja con una docena de ejemplares esperaba para ser subastada, si bien se confiaba en que durante la tarde llegasen algunas más. El precio medio al que han sido vendidos los 3.975,3 kilos de calamar subastados en las rulas asturianas entre el 1 de enero y el 30 de junio fue 12,45 euros, el mejor del lustro, sólo superado por los 14 euros a los que cotizó el kilo de calamar en 2006. No obstante, la mayor cifra de capturas se logra a partir de octubre y entonces, con más producto a la venta, los precios tienden a la baja.