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La plantilla experimentó un cambio generacional en diez años con contratos relevo

 
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La plantilla experimentó un cambio generacional en diez años con contratos relevo
La plantilla experimentó un cambio generacional en diez años con contratos relevo  
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Tenorio narra sus juegos en la playa de San Balandrán, entonces con miles de bañistas, las clases con el maestro «don Salvador» en la Escuela de Laviana (Gozón) y las aventuras por el poblado de ENDASA, en el que se instaló junto a sus padres en 1959, después de tres años en Perdones. «En Perdones no teníamos agua. Pagábamos 800 pesetas de renta y se ganaban 1.200 en la fábrica. La alegría fue inmensa cuando llegamos al poblado. Abrimos un grifo y había agua», cuenta. Y añade: «La única comunicación del poblado -los coches eran un lujo al alcance de muy pocos- era una lancha que comunicaba el muelle de la fábrica con Raíces. Allí cogías el tranvía a Avilés». Su primera nómina datada el 14 de marzo de 1972 (durante años estuvo subcontratado) ascendió a 7.014 pesetas. «Los trabajadores teníamos que participar en ejercicios espirituales: nos pasábamos una semana con charlas del padre de los Ríos, un dominico de Gijón, y el domingo teníamos misa en San Francisco. Después había un almuerzo en el café Colón».

Benito Cuartas, el del ramo de flores, comenzó de botones en la fábrica de San Juan. Su misión no era portar maletas, sino recoger el correo (la oficina estaba entonces frente al Palacio Valdés). En sus 46 años en las instalaciones fabriles rotó por el economato de la fábrica (pertenecía a Ensidesa), el almacén y contabilidad, hasta su jubilación en el departamento de ventas. Relata que aquel 28 de agosto de 1959, cuando se inauguró la planta de aluminio primario con la llamada «serie 1», el banquete con motivo de la visita del generalísimo se celebró en los comedores del personal. «Lo vino a servir el Club de Tenis de Oviedo. A los que trabajamos en la recepción nos dieron una bolsa con pollo, merluza a la romana y una pieza de fruta». Corría la dictadura y cada 18 de julio estaba marcado en rojo en el calendario. «Nos daban un pollo asado por la confitería San Francisco, un trozo de empanada y vino. La víspera, el día 17, había verbena con orquesta en el poblado y elegíamos reina y damas de honor», continúa.

Procedente de Salas (Valdés), Gonzalo Alza recaló en la fábrica de aluminio en 1969, en fundición. «Anécdotas tengo cientos, pero una de las más simpáticas fue cuando trajeron perronas a fundir. Llegaron dos camiones escoltados por la Guardia Civil para que no los asaltasen y descargaron montañas de monedas. No paraban de llegar perronas a los bares de San Juan», cuenta entre risas. También hubo días de luto, los marcados por la tragedia. Dos incendios, uno en San Juan y otro en la nueva fábrica, se saldaron con víctimas mortales en la década de los sesenta. Ahora, dicen, resulta «prácticamente imposible que se registre un accidente grave, dadas las medidas de seguridad».

El gallego Aquilino Sánchez no pronuncia más que halagos cuando habla de la fábrica en la que trabajó buena parte de su vida laboral. Se incorporó en 1971 a la fábrica de San Balandrán, las actuales instalaciones de Alcoa que sus compañeros Tenorio, Cuartas y Alza vieron erigirse desde la otra margen de la ría. «ENDASA era una empresa buenísima, tuve unos compañeros extraordinarios y reinaba la camaradería. Quizás la jefatura era un poco paternalista pero en aquella época era normal», afirma Aquilino Sánchez, que trabajó a turnos hasta su jubilación. «Mi primer sueldo fue de 7.800 pesetas. A los dos meses ya me dieron la primera paga extraordinaria. Todo lo que tengo se lo debo a ENDASA», añade. Fue ese mismo año de su ingreso en la aluminera cuando se inauguró la serie 2 de electrólisis que sumó otras 145 cubas a las 156 ya existentes. En 1974 entró en funcionamiento la serie 3, con 144 más.

Pasaron los años y la empresa estatal pasó a manos privadas. Muchos de los trabajos manuales (una colada la hacían entre cuatro personas) se mecanizaron. «Fueron tiempos difíciles, aunque tampoco nos afectó mucho. Nos fuimos prejubilando», continúa Sánchez. Lo que sí vivieron en carne propia fueron los encierros de principios de los ochenta, cuando los trabajadores de la fábrica de Avilés vieron peligrar la producción por la puesta a pleno rendimiento de otras fábricas de aluminio del país. Alfredo Riego, que se incorporó al servicio eléctrico de ENDASA en 1977 y que continúa en activo en Alcoa, lo recuerda como si fuera hoy, aunque la preocupación de entonces se queda hoy en anécdota: «Estaba en peligro la serie 1 de la planta y hubo mucha incertidumbre. Hicimos un encierro de 48 horas. El entonces alcalde, Manuel Ponga, nos dijo que no se cerraría de ninguna manera. Poco después estaba cerrada». Y así fue. La serie 1 cesó su actividad en 1986 y fue desmantelada.

Llegó la época de las reconversiones y de los más de 1.200 trabajadores que llegaron a trabajar para la actual Alcoa la plantilla se redujo a 600 en pocos años. La mayoría no se quedó en la calle sino que se trasladó a otras plantas que habían ido surgiendo en otro puntos del país, como la de La Coruña o San Ciprián, ahora también en manos de la multinacional estadounidense. «Llegué a ir con mi padre a San Ciprián a mirar pisos en 1977. Hubo gente que se marchó impulsada por la incertidumbre, y muchos se arrepintieron», cuenta José Luis González, actual secretario del comité. González es una de las caras de la plantilla actual de Alcoa, como Daniel Cuartas (sobrino de Benito). Llegaron a la aluminera en 2001 y sirven de ejemplo al cambio generacional que ha experimentado la fábrica. Y es que Alcoa fue la primera compañía asentada en Asturias que aplicó el contrato relevo, hace ya una década.

«Ha llegado gente mucho más preparada que nosotros. Todos los que entran ahora tienen, como mínimo, FP 2, pero les falta experiencia. No tengo duda de que serán mejor plantilla que nosotros, tienen más medios y estudios», comparten los ya jubilados. Los más trabajadores jóvenes ven en los veteranos la voz de la experiencia y un ejemplo a seguir. «No podemos olvidar lo luchadora que era aquella gente. Protagonizaron grandes momentos sindicales», añade José Luis González.

Cincuenta años se cumplen el próximo día 28 de la inauguración de la aluminera de la margen derecha de la ría. Alcoa lo celebrará a partir del marte con una exposición en la Casa de Cultura. Los trabajadores de la fábrica de San Juan, primero, y de San Balandrán, después, ponen la voz a esas instantáneas, a esos cachivaches que trabajaron con sus propias manos y a una profesión a la que dedicaron toda su vida. Ellos son la historia viva del aluminio en la comarca y de la mutación de la Avilés marinera a la industrial.

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