Myriam MANCISIDOR
«Eso que dicen de que hay que comer de todo pero en plato de postre no valía para Grande Covián: él metía la cuchara, era un buen comedor y, además, le gustaba», sentenció ayer el escritor y colaborador de LA NUEVA ESPAÑA José Ignacio Gracia Noriega, quien participó en la clausura de un curso en homenaje al médico nutricionista colungués por el centenario de su nacimiento que organizó la Escuela Asturiana de Estudios Hispánicos. ¿Y qué comía Francisco Grande Covián? «De todo y bien. Le gustaba la fabada, un plato ya institucionalizado aquí en La Granda, que se degusta cada año cuando finalizan los cursos», explicó el escritor. Y añadió: «Grande Covián nos acompañaba a veces en una cofradía gastronómica de Asturias que funcionaba hace treinta años y presidía Emilio Alarcos. Entonces comía de todo».
Francisco Grande Covián era, a juicio de Gracia Noriega, una persona sensata como dietista. «Defendía que el hombre es un animal omnívoro y cuestionó aquellas dietas que reducían o privaban de la ingesta de ciertos alimentos», explicó el escritor, quien precisó: «Siempre criticó mucho, por ejemplo, a los vegetarianos». Para Gracia Noriega, una persona que se alimenta exclusivamente de vegetales «es como un nacionalista catalán, que lo quiere saber todo del catalán pero no sabe nada de la lengua española».
¿Y cómo era la personalidad de Grande Covián? Quienes compartieron horas con este médico que se dedicó en cuerpo y alma a la investigación le recuerdan como una persona que dejó un importante legado científico y humano. «Era una persona campechana, simpática, con gran sentido del humor. Rebosaba vitalidad», sentenció Gracia Noriega, quien destacó también la infinidad de artículos divulgativos que publicó el médico colungués en periódicos y revistas especializadas, algunos incluso de contenido político. «Por la vía de Ramón y Cajal, Grande Covián era un hombre que participaba de las ideas regeneracionistas de la Generación del 98. Pensaba que el problema de España radicaba en que se le prestaba poca atención a la ciencia e hizo suyo uno de los lemas de Joaquín Costa: escuela y despensa», concluyó Gracia-Noriega.
La clausura del curso de La Granda en homenaje a Francisco Grande Covián se cerró con la intervención de su hija, Gloria Grande Mingo, quien recientemente visitó Avilés de la mano de la Cofradía del Colesterol. Entonces definió a su padre como un hombre bondadoso que nunca descuidaba a la familia. Un profesor que no estaba en su torre de marfil aislado de la realidad y que, además, derrochaba alegría.