Myriam MANCISIDOR
Josefa, la abuela de José Blanco, tenía una receta mágica. Cuentan que cocinaba boroñas como nadie: con dulce sabor azucarado. Su familia heredó el gusto por la repostería y desde hace treinta y cinco años los Blanco trabajan sin descanso en un obrador ubicado en el polígono avilesino de Las Arobias. Ahora han ampliado el negocio con un objetivo casi de «guinness»: endulzar España desde Avilés. La primera hornada de pastas artesanales, de mantequilla y azúcar, ya está a la venta. Y las casi treinta variedades son, además, un reclamo turístico. De ahí sus nombres: Cubitos de Llanes, Manzanitas del Paraíso, Corazones de Asturias, Colungalletas, Ositas, Descarga de dulces, Cruces de la victoria, Pastas asturianas a la sidra, Naranjitos de Europa y hasta Madreñas. Se trata de productos ideados para los turistas.
«Empezamos como distribuidores y hace ocho años decidimos fabricar y vender. Lo primero que sacamos fueron corbatas y sobados. Así fuimos creciendo hasta hoy, que estamos elaborando por primera vez Madreñas y Estelas Cántabras», explica José Blanco, que regenta la empresa Muriedas junto a su hijo Arturo. Y precisa: «Con las pastas artesanales hemos querido apostar por la innovación en tiempos de crisis, no nos podemos quedar parados lamentándonos». Los primeros resultados, a juicio de Blanco, son alentadores. «Este tipo de productos se vende muy bien y, además, la presentación está muy cuidada», subraya. Las pastas se distribuyen en cajas de madera de 600 gramos y la unidad se ofrece a 3,90 euros a las empresas. «Y las ventas han crecido considerablemente», recalca. Por ahora trabajan sobre pedido.
«En el horno hacemos muchos más productos aunque últimamente este nuevo negocio nos trae de cabeza, estamos ideando en todo momento qué podemos sacar», confiesa este hombre que tiene a su cargo a doce personas que traban en una nave que con la última ampliación suma 2.000 metros cuadrados de superficie útil. La intención de Blanco es sacar al mercado nuevas pastas artesanales y, a ser posible, algún dulce que tenga relación con Avilés. Sin embargo, este último reto parece el más difícil. «Cuando sacamos un nuevo tipo de galleta se lo comunicamos a las personas competentes y, hasta ahora, todo el mundo se ha mostrado encantado. En Avilés nos hemos puesto en contacto con la dirección del Niemeyer porque ya tenemos una pasta ideada con forma de cúpula pero no hemos recibido respuesta», asegura Blanco, quien ha ideado también un Puente de San Sebastián.
El empresario ha recibido, al contrario, el apoyo de distintas entidades asturianas. Y es que las cajas de pastas artesanales son también pequeñas guías turísticas. El envase de los Cubitos de Llanes se acompaña así de una descripción de la villa costera y una explicación de «Los Cubos de la Memoria» que realizó recientemente el pintor vasco Agustín Ibarrola para adornar los bloques de hormigón que ahora dan nombre a las galletas hechas en Avilés. Las Ositas de Asturias son un homenaje a «Paca» y «Tola», las hermanas osas que habitan en semilibertad en el cercado de Santo Adriano. Al adquirir una de estas cajas, además, se colabora con la conservación del oso pardo cantábrico gracias a un acuerdo de Muriedas con el Fondo Asturiano para la Protección de Animales Salvajes. La Descarga de Dulces hace alusión a la tradicional fiesta de Cangas de Narcea.
«La gente, especialmente los turistas, aprecian esta información. Nosotros trabajamos codo con codo con Rótulos Avilés, que hace un trabajo maravilloso», sentencia José Blanco, que también se deshace en elogios para su equipo. «Tenemos un equipo humano buenísimo tanto en el horno como en la calle y eso se nota hasta en el sabor de nuestros productos. Ahora puedo decir que hemos hecho una inversión muy fuerte sin demasiadas ayudas porque tal vez no supimos tocar en las puertas adecuadas pero, en estos momentos, estamos viviendo un momento dulce», añade el gerente de Muriedas.
La empresa avilesina cuenta además con productos dulces ligados a otras comunidades autónomas. Tizones Burgaleses, Dulces recuerdos de España, Dulces recuerdos de Lugo, Estelas cántabras... Todo sale del obrador del polígono de Las Arobias, donde se hace todo el proceso de fabricación de las pastas. La masa dulce pasa por distintas máquinas y moldes que van dando forma a las galletas, que luego se decoran. Posteriormente se meten en cajas, se les coloca la «faja» -el nombre del producto con la información turística-, se añade la fecha de caducidad y se plastifican. De ahí, a los camiones. El trabajo en Muriedas comienza a las siete de la mañana y se prolonga durante todo el día.
El objetivo de José Blanco y de su hijo, Arturo, es idear y sacar próximamente nuevos productos azucarados. También tienen en mente involucrarse en el sector hostelero, un campo nuevo para las empresas de repostería. «Seguiremos trabajando para que no nos coma esta situación de crisis», recalca Blanco, que confiesa que el nombre de las pastas «también se elige de forma artesanal». «Son nombres graciosos que se nos ocurren de repente», explica el gerente de Muriedas que sí tiene un producto para él con alto valor sentimental. «Ideamos las boroñas de Josefa, mi abuela, siguiendo su receta», concluye.
Ositas de Asturias
Con forma de oso en homenaje a «Paca» y «Tola».
Colungalletas
Con forma de dinosaurio en alusión al Museo del Jurásico de Colunga.
Cubitos de Llanes
Con forma de cubo en alusión a los cubos de hormigón pintados por Ibarrola en Llanes.
Descarga de Dulces
Galletas en homenaje a la fiesta de la «Descarga» que se celebra en Cangas de Narcea.
Naranjitos de Europa
Con la forma del Naranjo de Bulnes (Urriello), el pico más emblemático de la región.
Pastas asturianas
Con forma de botella de sidra y regadas con licor de manzana.
Cruces de la Victoria
Con forma de Cruz, recuerdan a la Cruz de la Victoria.
Madreñas
Galletas con forma de madreña en homenaje al típico calzado asturiano de madera.