Juan C. GALÁN
Ángel García y Quini están más acostumbrados a la sencillez que Arturo Fernández, hombre de tablas, postín y el glamour de la gran pantalla. El párroco mierense lleva toda la vida en la brecha, llevando alivio a los excluidos de la sociedad, con la fundación Mensajeros de la Paz. El segundo ha hecho historia con el Sporting, el Barça y la selección española. El Brujo se hartó a marcar goles así hiciera sol o lloviera a cántaros. Sin embargo, el único que no lució corbata durante la entrega de los premios «Dionisio De la Huerta», que ayer se entregaron en la residencia de La Granda, fue Arturo Fernández. Paradojas de la estética.
En lo que sí coincidió el jurado de los premios, presidido por el periodista Ramón Sánchez-Ocaña, fue en la calidad humana de los tres premiados en la segunda edición de los galardones. Ángel García vio así recompensada «su labor en favor de los desfavorecidos del mundo», según comunicó el jurado de la Fundación Dionisio de la Huerta. Arturo Fernández, «porque asturianía y libertad, en él, van de la mano». Quini, por último, «por encima de todas las cosas, por su bonhomía». Razones todas ellas suficientes, según el jurado, para ser merecedores a un galardón que no sólo premia trayectorias, «también a buenas personas», como destacó el presidente de la Fundación, Franco Rodríguez.
Ramón Sánchez-Ocaña hizo sonreír a la concurrida audiencia con una glosa de cada uno de los premiados salpimentada de anécdotas. De Quini, el periodista recordó sus siete «Pichichis», el gesto de perdonar a los secuestradores que lo retuvieron durante 27 días en Zaragoza. «Renunció a la indemnización. Siempre fue un gran tipo, por eso se merece este premio», señaló el periodista.
De Arturo Fernández recordó sus tiempos de boxeador -«El tigre del Piles» lo llamaban, señaló Sánchez-Ocaña-, su primer viaje a Madrid, «detrás de una mujer», su primera película y su eterna estampa de galán seductor y pícaro, «aunque en la vida real era hombre de una sola mujer... cada quince días, eso sí», apostilló, irónico, el periodista.
De Ángel García, «el curina de pelo blanco», según Sánchez-Ocaña, tan sólo un dato: 120 niños iraquíes sobreviven hoy día gracias a Mensajeros de la Paz.