Rubén SAMANIEGO
Comienza la batalla: los cañones resuenan en el parque Ferrera y la tropa se forma en línea a grito militar. El Ejército napoleónico ha llegado a Avilés dispuesto a vencer y a resucitar la batalla de Los Carbayedos que ocurrió un 22 de mayo de 1809. Entonces, las tropas francesas desembarcaron en la margen derecha de la ría avilesina y los vecinos de la parroquia de Valliniello acabaron diezmados por los gabachos mientras se defendían con armas rudimentarias del enemigo.
Las tropas francesas de ficción tienen su campamento de entrenamiento en el parque de Ferrera. Los militares pertenecen a distintas asociaciones de recreación histórica de la Guerra de la Independencia que han venido de diferentes puntos del país. El campamento base lo forman cinco tiendas de campaña. La tienda principal da cobijo a los oficiales y está dotada con todos los utensilios que se utilizaban en la Guerra de la Independencia: camastros, un armero y también un crucifijo más los enseres personales de los superiores. Las tiendas de los soldados son más humildes, de menor tamaño y con suelo de paja para el descanso de los reclutas.
El IV Regimiento de Artillería de Pontevedra viene a la batalla provisto de un cañón, réplica de los que se utilizaban en la Guerra de la Independencia. Teresa Rodríguez es la encargada de colocar la mecha en cada disparo. Se necesitan cinco personas para dispararlo, desde un encargado de cargar el cañón hasta una persona responsable de poner la mecha, otra de limpiar el cañón tras los disparos y una más que da las órdenes. Esta última solía ser un sargento o un cabo. «Lo fundamental en cualquier caso es la seguridad», sentencia Rodríguez.
Los soldados dedicaron la tarde a realizar entrenamientos. Esta tarde se avecina una batalla difícil. Aprovecharon, además, para desfilar a ritmo de tambor haciendo la instrucción. También ensayaron técnicas de ataque como, por ejemplo, la formación en fila o la maniobra de ataque «crucero de defensa contra infantería», nombre que recibe la posición en círculo de los soldados, listos para disparar sus armas. Charles Fernández, de Gijón, representa a uno de los «voluntarios de Madrid». Confiesa que participa en tres batallas al año. «Ésta es una forma diferente de vivir la historia. Es como una película donde el guión se improvisa», explica Fernández. Estas recreaciones llevan a los actores a meterse en el papel. «Nos llegamos a creer que somos soldados de aquella época», reconoce.
También algunos civiles se pasearon por el campamento. Fue el caso de Mercedes de Arangüena y Juan Luis Fernández. Este matrimonio gallego decidió volver al siglo XIX, pero lo hicieron vestidos de aristócratas. «Y eso es porque había civiles de todas las clases», explica Juan Luis Fernández, que se disfrazaba por primera vez. Y lo hizo para participar en la historia de Avilés, en aquella batalla que se llevó la vida de cientos de vecinos en Los Carbayedos de Valliniello. La recreación será esta tarde, a las siete, en el parque.