Amaya P. GIÓN
Avilés a punto estuvo ayer de cambiar el rumbo de la historia. Miles de personas abarrotaron el parque de Ferrera y las calles que sirvieron de escenario a la recreación de la batalla de Los Carbayedos, la carnicería en la que cientos de avilesinos perecieron el 21 de mayo de 1809 y que marcó el inicio de la ocupación francesa de Avilés. Gabachos y locales ataviados con los uniformes y ropajes de la época convirtieron la pradera del Ferrera en la finca mortal de Valliniello. Los chuzos, hoces y guadañas, única defensa de la resistencia local, no pudieron con el sofisticado armamento y la profesionalidad de los invasores a pesar de que los avilesinos resucitaron una y otra vez a los disparos mortales de los franceses. «¡Venga, chicos! ¡A por ellos! ¡Todavía podéis!», exclamaba el público local. «¡Venga Valliniello!», gritó un pequeño al paso de la milicia por la calle Galiana, como si con las expresiones de ánimo Avilés pudiese librarse de la ocupación francesa.
La compañía número 25 de dragones liderada por el capitán Clavet segó la vida de entre 200 y 300 avilesinos en la batalla real que fue rememorada el día grande de San Agustín. Tras la escabechina de Valliniello (ayer la del Ferrera), los de Clavet entraron al trote en Avilés. Aquel 21 de mayo hicieron resonar los cascos de sus vigorosos caballos en los adoquines del pétreo puente de San Sebastián. El mismo soniquete se repitió ayer, aunque por las calles Galiana y San Francisco. Refugiado en los soportales, aunque no por miedo a los invasores sino para resguardarse por la amenaza de lluvia, el público no cejó en abucheos a los franceses de pega.
Aquellos que se toparon con la ocupación simulada no daban crédito al espectáculo. Los potentes disparos de las armas galas (escopetas de fogueo y un imponente cañón) tampoco dejaron a nadie indiferente. Los llantos de los más pequeños ante los estallidos se entremezclaban con las risas y gritos de ánimo a los combatientes de los adultos. Eso sí, mayores y pequeños tuvieron que taparse los oídos para proteger sus tímpanos de los potentes disparos, que resonaban como truenos por el casco viejo de la ciudad.
La historia siguió su curso y los campesinos avilesinos se rindieron a las tropas napoleónicas en la plaza de España, frente al Ayuntamiento. La recreación de la batalla de Los Carbayedos, una de las novedades del programa festivo, no defraudó. El éxito de público, indudable. No se podía dar un paso ante la muchedumbre que participó en la fiesta. La pólvora resucitó la historia y a la propia ciudad pero esta vez la lucha acabó en aplausos.