JAVIER GARCÍA
DIRECTOR GENERAL DEL INSTITUTO CIES
«Camina despacio, pero con paso firme. Sé leal, cuida de tu dinero y de tu familia. Ahorra todo lo que puedas y reinvierte constantemente». Unas píldoras de sabiduría, de experiencia y de sentido común que un día de verano, hace un año, me lanzó Manuel Álvarez, más conocido como Lloriana. A sus más de 80 años se jubila (aunque suene extraño) el que creo es uno de los mejores empresarios vivos de Asturias, y uno de los miembros del club de personas de empresa que han transformado la historia económica de nuestra Comunidad Autónoma.
Piensen que hoy tenemos acceso a facultades, escuelas de negocios, Cámaras de comercio, asociaciones empresariales que prestan servicios específicos a sus asociados y un largo etcétera de instrumentos públicos y privados que tienen como objetivo mejorar las habilidades empresariales para crecer. Pero esto no siempre ha sido así en España, y no deja de sorprenderme y de admirar a toda una generación de personas emprendedoras que surgieron en plena posguerra (¡aquello sí era una crisis!) o en los inicios de la transición, sin prácticamente formación, y menos aún con tradición familiar, para levantar empresas que hoy son referencias en innovación, rentabilidad y competitividad. Junto con Manuel Álvarez me vienen a la cabeza Pepe Cosmen, Daniel Alonso, Juan Carlos Rodríguez (creador de Cafés El Gallego), Isidoro Álvarez (El Corte Inglés), Adriano Mones (fundador del Grupo Temper) y un largo etcétera. Echen un vistazo a la web de la Asociación Asturiana de Empresa Familiar (http://www.aefas.com/) y verán qué empresas la componen, y cuándo se han creado. Sorprenderá ver la potencia de muchas empresas y cómo sus segundas y terceras generaciones se dedican a mantener en la brecha lo que sus fundadores han diseñado hace muchos años atrás.
Aunque me unen lazos familiares, puedo afirmar de forma objetiva que personas como Manuel Álvarez conforman un gran capital intelectual en materia empresarial que deberíamos aprovechar. Nos dejan un legado, una forma de afrontar dificultades, un estilo de crear empresa y de vida. No voy a negar ese tópico, aunque real, de que «los tiempos han cambiando». Las empresas se enfrentan a una competencia global, a la necesidad de crear redes de conocimiento internas y externas que las conviertan en organizaciones inteligentes que dibujan ideas para después llevarlas al mercado. Y que esto requiere de nuevos modelos de gestión empresarial y de renovadas habilidades directivas. Pero aunque los tiempos cambien los fundamentos aún persisten, y por ello se debería tener un gran respecto intelectual a una generación de empresarios que pueden ayudar a muchas personas jóvenes a madurar en el campo de la empresa.
En mi corta, pero intensa, etapa empresarial he pasado por momentos duros, afrontar decisiones complicadas y he encontrado carencias por falta de experiencia. Tuve el privilegio de contar con muchos consejos y palabras de motivación por parte de Manuel Álvarez en esos momentos, y puedo asegurar que no existen facultades ni escuelas de negocios que aporten este otro tipo de formación. Algunas cosas que aprendí, y que se pueden contar:
l Es difícil detectar las oportunidades de negocio. Primero porque no son evidentes, si lo fueran cualquier persona las explotaría, y segundo, porque aunque creas que tienes una oportunidad de negocio ésta cambiará con el tiempo.
l Esto me lleva a otra idea importante: los negocios son dinámicos. Nuevos materiales, nuevas exigencias de tus clientes, nueva competencia en costes, nuevas necesidades de gestión, nuevos mercados a los que exportar. Nada hay definitivo, hay que crear una organización que permita ajustarse y crecer. Si no es así, ¿cómo es posible que una persona como Manuel Álvarez pasara de tener un taller en las inmediaciones de la ría a crear HIASA, una de las empresas de referencia internacional en el ámbito del metal? Si no hay mejora constante, ¿cómo una empresa del metal acaba siendo una referencia en seguridad vial, o en seguidores solares para las huertas fotovoltaicas o en productos de una gran complejidad técnica y de valor añadido en el ámbito del metal?
l Y es que una empresa nace pero para hacerla crecer hay que tener mucha visión de futuro, estar muy apegado a lo que demandan tus clientes, tener la capacidad de la renovación tecnológica constante, de innovar en todos los ámbitos, capacidad para asumir riesgo y, por supuesto, liderazgo. Y para eso, las reglas de Manuel Álvarez son sencillas pero infalibles: «maximizar el beneficio, esto implica obtener el máximo ingreso posible al mínimo coste, ahorrar y reinvertir. Y, sobre todo, crear un equipo en el que confíes». HIASA es reconocida por su tecnología en el sector, por su capacidad comercial y por la calidad en su servicio/producto. Y esto no se construye y se mantiene sin habilidades especiales.
l Esta tipología de empresarios siempre ven las crisis como oportunidades. Es curioso, pero en la posguerra, en la crisis del petróleo, en las dificultades de los ochenta, surgieron grandes iniciativas empresariales. Y es que si «trabajas duro, eres creativo y buscas la diferencia» podrás prosperar.
Quería hacer esta reflexión porque creo que es un buen momento para hacerla. Estamos viviendo épocas difíciles, pero otras muchas personas de empresa las han vivido aún peores y han salido reforzados de ellas. Parece que estamos esperando que nuestros empleos los tengan que salvar las multinacionales. Pero no es así. Si Avilés y Asturias quieren prosperar y superar esta crisis económica, tiene que ser potenciando la llegada y el surgimiento de empresarios con la garra, la inteligencia y las capacidades necesarias para buscar y explorar oportunidades de negocio. Como sociedad hemos prosperado notablemente, tenemos personas muy formadas, con muchas capacidades intelectuales y creativas para generar éxito empresarial y empleo. Pero hay que animarlas, incentivarlas, apoyarlas, sobre todo socialmente. Asturias es hoy fruto del esfuerzo de muchas personas que han apostado por ella, que se han atrevido a explorar esas oportunidades, donde otros no las veían; que se han sacrificado y sufrido crisis severas de las que han salido. Está muy bien que queramos hacer un museo sobre lo que ha supuesto ENSIDESA para Avilés, pero no olvidemos que Asturias y Avilés son más que eso, y que lo que incentiva a los jóvenes es poder reconocer y saber qué y cómo lo han hecho empresarios como Manuel Álvarez y su generación.