Ana G. DUQUE
Lágrimas, sonrisas, pero sobre todo mucha emoción es lo que se vivió ayer en el centro cívico de Los Canapés. La mayoría de los niños saharauis que han pasado este verano en Asturias se despidieron de las que han sido sus familias durante los dos últimos meses. El resto -un centenar- se irá esta tarde. Con algunos kilos más y cargados con mochilas llenas de ropa y juguetes se subieron sonrientes al autobús que les llevaba al aeropuerto. Y de allí, a casa.
Los pequeños han pasado los meses de julio y agosto, los más calurosos del Sahara, en Asturias, con familias de acogida que participan en el programa «Vacaciones en paz», coordinado por la Asociación Asturiana de Amigos del Pueblo Saharaui. Abrazos, besos y palabras cariñosas para los pequeños, que se marcharon contentos porque iban a ver a sus familias de nuevo.
En su rostro, una sonrisa permanente, muestra de agradecimiento y de lo bien que se lo han pasado este verano: «Fuimos a la playa y a la piscina, pero lo que más me gustó fue la montaña rusa del parque de atracciones», señaló Mouja, que participa en el programa desde hace cuatro años. Jatima y Mamia también han estado varios veranos en la región. Las pequeñas dicen que han pasado muy buenos momentos con sus familias de acogida. «Cuando nos vamos lloran mucho y nos dicen que tenemos que comer más», explicaron.
Las familias que les han abierto las puertas de su hogar se despidieron ayer de los niños emocionadas, algunas conteniendo el llanto, pero felices por la satisfacción de haberles proporcionado una vida como la de cualquier otro niño de su edad, aunque sólo haya sido durante dos meses. Los participantes en el programa «Vacaciones en paz» mantienen el contacto con los niños durante todo el año e incluso van a visitarlos.
Benigno Iglesias y sus dos hijos acompañaron a la pequeña Farrah, de tan sólo nueve años, hasta la puerta del recinto de Los Canapés. Es la primera vez que acogen a una niña saharaui y aseguran que la experiencia ha sido muy gratificante. «Repetiremos el próximo año». El padre de acogida recuerda con cariño los primeros días de Farrah en Asturias: «Al principio tenía mucho miedo a nuestros perros, porque en su país son animales salvajes». Ahora, tan sólo dos meses después, la pequeña saharaui luce orgullosa las fotos en las que aparece junto a ellos.
La de ayer fue una despedida agridulce, pero no definitiva. Los niños volverán el próximo verano.