Juan C. GALÁN
Lucía García Cuervo es soprano. Raquel Martínez, contralto. Sin embargo, ninguna ha actuado jamás sobre un escenario. Ni siquiera distinguen una pieza coral de un área operística. Sin embargo, su directora en la Coral Avilesina, Rocío Cuervo, ya les ha calado la tesitura. Y es que Lucía y Raquel son las niñas mimadas de la agrupación. En realidad, un tesoro. Ambas han devuelto las voces infantiles a la centenaria asociación avilesina después de demasiados años en blanco.
A Lucía García y Raquel Martínez les va más Hannah Montana que las Habaneras de Cádiz. Están en la edad. Sin embargo, ambas ya están imbuidas de la música con mayúsculas. Lucía, de siete años, no sólo es alumna de Rocío Cuervo. También es su hija. «Lleva escuchando música desde que estaba en la barriga. Tiene el oído muy educado», señala la directora de la Coral. Raquel Martínez, la mayor del dúo (tiene diez años), también se ha familiarizado con la música coral desde la cuna. «Mis abuelos están en la Coral y, hasta que no me apunté, no me dejaron en paz», aclara la joven intérprete.
La presencia de Lucía García y Raquel Martínez ha animado a la directiva de la Coral Avilesina a iniciar un proceso de rejuvenecimiento de la agrupación. La presencia de ambas voces infantiles es un oasis en el desierto, pero no es suficiente. «Hay que hacer cantera, porque si queremos hacer un coro infantil o juvenil, captar a los chavales a los 18 o 20 años es misión imposible», señala Rocío Cuervo.