Saúl FERNÁNDEZ
«¿Por qué no se puede desarrollar una historieta de vampiros en Barcelona?», se preguntó ayer el dibujante Sergio Bleda, uno de los autores más destacados del momento. Su obra más sobresaliente es «El baile del vampiro», una novela gráfica de sangre e inmortalidad en las calles más turbias de la ciudad postolímpica. «Yo vivía en un barrio muy oscuro, sólo tenía que dejar fluir a la imaginación», bromeó.
¿Por qué vampiros? Como todo, la respuesta está en la infancia, apuntó el dibujante, que presidió en su día la asociación de autores de cómic -se ha dado de baja-. «Pasaban por la tele "Kung Fu contra los siete vampiros de oro". Mi abuela no vio los rombos y me tragué la película, que era muy friki. Quedé impresionado», recordó Bleda. ¿No es extraño que un autor español se aventure entre la sangre y la inmortalidad? Bleda aseguró que no, «ni mucho menos». La fascinación por los vampiros -plasmada también en «Inés, 1994», el comienzo de todo- tiene una explicación única: los vampiros hablan del poder. «Por eso nunca pasan de moda», explicó.
El cine es, desde luego, una de las fuentes más influyentes en las que bebe Bleda. «El título, es evidente, viene de Polanski; pero no sé si como homenaje o, simplemente, plagio», bromeó.
Sergio Bleda defiende unas opiniones contundentes acerca de las nuevas obras del cómic español. «Parece que el costumbrismo se vuelve a llevar y que lo que yo hago es una tontería», señaló el dibujante. Las páginas culturales de los suplementos de los periódicos se llenan de recesiones a obras de cómic. «Es que eso es intelectual», apuntó. Mencionó, en este sentido, el éxito de obras como «Arrugas» -premio nacional-. «Entiendo que el cómic es un género de evasión y pretendo seguir ese camino. Se ha conseguido rechazar la idea de que los tebeos son para niños y, a cambio, ahora parece que las historietas son para listillos», se lamentó.
La situación editorial en España no es la mejor, comentó Bleda. «Por eso tengo que trabajar para Europa y para los Estados Unidos, aunque lo que prefiero es contar historias españolas», confesó. De hecho, recientemente, los vampiros catalanes de Bleda han visto publicadas sus aventuras en América. Sin traicionar, por supuesto, las esencias patrias. Se inicia con unos personajes que escuchan la copla «María de la O» o las terrazas de los bares tienen sombrillas de una marca santificada de cerveza.
Como el cómic no da todo el dinero que se precisa para pagar los gastos, Bleda una vez al año se mete a dibujar «story boards» (planes de rodaje viñeta a viñeta). «Lo hago, desde luego, como una necesidad alimenticia», aseguró. «Vivo de los tebeos, que me producen placer. Lo demás, paga las facturas», añadió.
Sergio Bleda, desde siempre, quiso ser un autor de cómic. «Mi madre me decía que tenía que trabajar en lo que quería». Eso hace.