Juan C. GALÁN
La cibernética aún no ha borrado de las aulas ese olor a libro nuevo, a plastilina y a tiza de siempre. Ese aroma volvió ayer a desplegarse, como cada septiembre, con la vuelta al cole. El aullido de la sirena que anuncia el ingreso a las aulas no sólo marca una liturgia anual. También, de manera simbólica, el final del verano. Sin embargo, los escolares avilesinos recibieron al otoño con una sonrisa y, en cierta manera, con ansias de dejar atrás tres meses de diversión continua que, por qué no decirlo, termina por hastiar.
La rutina ya se ha establecido en Avilés y el Ayuntamiento ha querido celebrarlo. En una decisión inédita en la historia reciente de la ciudad, la alcaldesa, Pilar Varela, inauguró el curso escolar de manera oficial. El colegio Sabugo fue el elegido. Sus alumnos se erigieron en representantes de los 6.115 escolares avilesinos que ayer iniciaron el ejercicio en Educación Infantil y Primaria. El Ayuntamiento aprovechó el momento para inaugurar las obras acometidas durante el verano por el taller de empleo municipal: un ascensor, eliminación de barreras arquitectónicas, la adecuación de un patio cubierto y mejora de chapa y pintura.
Varela se mostró entusiasmada y recordó la inversión municipal en Educación para el incipiente ejercicio: cinco millones de euros, la mayor de los últimos años. Además, la Alcaldesa cantó las alabanzas de la oferta educativa de los colegios públicos de la ciudad, sobremanera del nuevo sistema de comedores y de las actividades extraescolares.