JAVIER GANCEDO
De nuestro corresponsal, Falcatrúas
Rubén, de 6 años, es el único chiquillo de Bildeo en décadas, ya contamos que llegó un día al pueblo, de la mano de su madre, Amanda, haciendo a Ramón el Tumbao padre y nieto de un golpe. Amanda era la hija que Ramón tuvo con Inés, no hubo más moza pa él, aunque nunca se enteró de su paternidad, no supo que ella estaba embarazada cuando la dejó en un pueblo de León para ir a arreglar los problemas (todos) de la clase obrera. También él había sido el único mozo para ella, que nunca le reprochó nada; la hija de Ramón no había escuchado de su madre ni una palabra que no fuese de añoranza del amor de su vida.
Algún día hablaremos de aquellas mujeres que quedaron preñadas en su juventud y que nunca más levantaron cabeza, marginadas en casa, esclavas de toda la familia, reventadas de trabajo toda su vida.
Amanda resolvió dejar al chiquillo con el desconocido abuelo, ella no podía atenderlo, trabajaba en bares de alterne, qué vida era aquélla pa un rapacín. Cuando vivía la abuela, era ella la que se hacía cargo, pero la pobre Inés murió y Ramón ascendió a abuelo provisional, como otros llegaron a alférez.
Según Pepe Torazo, es fundamental para un chiquillo ver cómo salen las plantas de la tierra, primero como unas motinas verdes, que luego van cogiendo la pinta del maíz, la patata o la remolacha; no digamos presenciar los partos de los animales, ver las crías medrar. Ramón prefiere que aprenda en la ciudad, con más adelantos, las aldeas están muertas, sin rapacinos con los que jugar. Mientras lo discuten, van contestando como pueden las andanadas de preguntas de Rubén.
Desde el centro de Oviedo, Gijón o Avilés, se llega a una aldea en diez minutos. Entonces, siendo Asturias tan rural, es difícil de explicar el desconocimiento (y desinterés) de lo que es la vida en el campo, o lo que era hasta hace poco. Los guajes crecen sin haber visto un gocho de cuatro patas al trote cochinero o una pita l.lueza.
Son detalles que carecen de importancia a primera vista, pero son los pasos que nos fueron trayendo a situaciones estúpidas en que una parte privilegiada de la sociedad, empezando por los que mandan, no tiene la misma percepción de la realidad que la otra. Hubo unos años en que los españoles transicionamos de la dictadura a la democracia remando todos en la misma dirección, y el mundo asistió, asombrado, al milagro, subimos como la espuma. Veinte años después, las autonomías se pelean por fueros y seguridades sociales diferentes, abren embajadas como mercerías, vamos pareciéndonos al ejército de Pancho Villa.
Parece ser que Unamuno, siendo rector de la Universidad de Salamanca y acompañado de un colega de profesión, fue a dar una vuelta por las Hurdes; hay que fastidiarse con los españoles: descubrimos medio mundo, conquistamos al tenor y teníamos territorios olvidados en casa; como ligar con una australiana por internet y no hablar con la mujer que tenemos al lado. Los dos catedráticos tropezaron con un aldeano que estaba trabajando en un huerto; al preguntarle qué estaba haciendo, recibieron toda una conferencia sobre el cultivo de la cebolla. Unamuno, más tarde, expresó su admiración por la cantidad de conocimientos que tenían los ignorantes de los pueblos.
Al ser Rubén el único chiquillo de Bildeo, los vecinos suelen llamarlo para que presencie algún acontecimiento habitual que para él pueda ser extraordinario: los partos de los diferentes animales, la matanza del gocho, la preparación de los embutidos, el soldeo a la calda de unos fierros, etcétera, pero no lo llaman para que esté de miranda:
-¡Sujeta bien fuerte el rabo del gocho, que no escape! -le dicen a la hora de corar.
-¡Ayúdame a darle al rabil para picar la carne! -cuando toca la matanza.
-¡Vete cogiendo los pitinos del caxón y suéltalos por el gallinero, que vayan con la madre!
-¡Tira del barquín pa que sople el fogón y caliente el fierro! -cuando está con Pepe el Ferreiro en la fragua.
No es justo que sólo se reconozca lo que hacen los artistas, los cocineros y los médicos cuando nos ponemos malos. ¿Quién se acuerda de lo que pasa un pescador para traer a puerto el pescado y que en la rula se lo valoren a lo que cuesta un café? Sin olvidarnos del agricultor, al que pagan a uno su producción y en el mercado se vende a cinco o diez veces más; la historia se repite con los ganaderos y pastores. Hoy terminaremos con una pregunta: ¿cómo se protege un pastor de ovejas en un descampado, sin un mal refugio, cuando caen granizos como nueces que lo pueden matar?
Seguiremos informando.