S. FERNÁNDEZ
El poder tiene dos caras: la que ofrece el Ejército y la otra; la de la cultura, la civil... Esto es, al menos, lo que piensan los organizadores de la mesa redonda que se desarrolló ayer por la tarde sobre las tablas del teatro Palacio Valdés, dentro del Foro de la Diplomacia cultural, una actividad del Aspen Institute y del Centro Niemeyer.
El asesor político y militar Jean-François Angevin-Romey, el abogado Frank Hodsoll y Gerlinde Niehus, de la OTAN, participaron en una discusión sobre las razones del poder y con una conclusión que va de la convivencia al sinsentido. Niehus y Hodsoll apostaron por la suma de las dos caras del poder, mientras que Angevin-Romey fue directamente a las razones de la discusión: «Si no, parece que hablamos de teología», comentó.
Niehus defendió la combinación de los dos tipos de poder -en inglés, «hard power» y «soft power»- y aseguró que la OTAN practica esta política desde hace años. La funcionaria de la Alianza Atlántica ilustró su postura poniendo un ejemplo: los militares adscritos a la organización cuando llegan a su destino conocen los problemas y la cultura con la que se dan de bruces. Pese a esto, admitió que «el poder militar está, raramente, en posición de resolver los conflictos». Frank Hodsoll, por su parte, también defendió el acuerdo entre las dos maneras de entender el poder: cultura civil y cultura militar. Puso un ejemplo: un GPS que permite a los aviones «tratar de no bombardear el patrimonio cultural».
Angevin-Romey denunció la ingenuidad occidental. «Pongamos este supuesto: Un país ha ocupado los Estados Unidos, pero es bueno. Hace escuelas, construye pozos... ¿Qué pensarían los ciudadanos de los invasores? Pues que habría que ir al armario a coger los viejos winchesters», comentó. El analista militar continuó su discurso asegurando que «los países occidentales que más problemas de inseguridad han provocado en el mundo son los Estados Unidos e Israel» y acusó a la OTAN «de no haber ido a los lugares en los que sí hubieran podido ser necesarios: el Congo y Ruanda». Respecto a la duplicación de tropas en Afganistán fue contundente: «Duplicarán los problemas».