V. M.
Pocos recuerdan el paso por Avilés de aquel juez vehemente que ahora tiene en sus manos la posibilidad de sentar en el banquillo al «superjuez» Baltasar Garzón tras la querella de «Manos Limpias» por la aplicación de la ley de la Memoria Histórica. Fue en la década de los ochenta del pasado siglo cuando Luciano Varela, hoy magistrado del Supremo, ejerció en los juzgados avilesinos (al frente del número 2 de instrucción) procedente de los de Pola de Lena. Allí había protagonizado una polémica al sancionar a una funcionaria.
De Varela se recuerda que llegó a un juzgado atascado, reordenó los turnos de los funcionarios y logró aliviar de forma rápida la larga lista de causas pendientes. También, su carácter inquieto que le fraguó algunos conflictos. Vivía puerta con puerta con Julio García Lagares en el piso superior de los juzgados. Poco después logró el traslado a su Galicia natal, donde desde la Audiencia de Pontevedra logró saltar al Tribunal Supremo no sin antes también haber llenado páginas de periódicos por ciertas actuaciones polémicas y que le enfrentaron con los fiscales. «A veces mi problema es que la lengua la dejo muy descontrolada», dijo en una entrevista hace dos años. Está casado y es padre de cuatro hijos, dos de los cuales han seguido sus pasos.
Los abogados y jueces que compartieron años con él en Asturias se dividen a la hora de definirlo y el abanico de calificativos pasa del «ejemplar y riguroso» al «un tanto despótico». Eso sí, todos reconocen su profesionalidad y capacidad. La trayectoria de Varela está ligada indiscutiblemente al ala más progresista de la judicatura. Fue uno de los nombres propios de Justicia Democrática, un movimiento nacido bajo el franquismo que acabó dando a luz a Jueces para la Democracia, que él fundó y lideró. Sus radicales posiciones progresistas le convertían en la cara menos negociadora, que sí ponía Juan Alberto Belloch. Si Belloch era el más próximo al PSOE, las posiciones de Varela se consideraban cercanas a Izquierda Unida.
¿Existe alguna animadversión personal de Varela hacia Garzón? «En absoluto, a Varela le ha tocado ese asunto como podría ser otro, esas interpretaciones son equivocadas», comentaba ayer un juez asturiano próximo al magistrado del Supremo. Sin embargo hay quienes ven en este episodio que puede sentar en el banquillo al juez estrella uno más de una operación de acoso y derribo contra Garzón. «Garzón es un gran juez, pero siempre ha perseguido el protagonista; eso con el tiempo puede acabar no gustando a los compañeros», asegura un conocido magistrado asturiano.
Varela fue ponente de la querella contra Garzón por haber cobrado supuestamente 1,7 millones de dólares por sus actividades docentes en Nueva York, en presunta contraprestación por haber archivado una querella contra Emilio Botín, presidente del Grupo Santander. Varela archivó los delitos de prevaricación y cohecho, pero investigó las remuneraciones extraordinarias de Garzón y consideró falta muy grave que no las notificase al Poder Judicial, que finalmente aceptó las explicaciones de Garzón.
Del juez que juzga al «superjuez» dicen que es amigo de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega y que su entrada en el Supremo se retrasó por el veto de los vocales afines al PP. A Varela le atribuyen un ego que logra igualar al de Garzón, de ahí el intenso interrogatorio al que sometió hace días al «superjuez». En las teorías de conspiración que anidan en los pasillos de la judicatura hay quienes hablan de una pinza para acabar con Garzón: un extremo sería el magistrado conservador Adolfo Prego, que admitió la querella de «Manos Limpias»; el otro, Luciano Varela, un juez de marcada trayectoria izquierdista.
¿Hubo algún punto de fricción entre ambos jueces? El único que se conoce ocurrió en 1989, en Pontevedra. Un recluso, Ricardo Portabales, contó a Varela que los narcotraficantes le buscaban para matarle. Portabales pasó a la Audiencia Nacional, Garzón le dio carta de arrepentido y logró organizar la «operación Nécora», que le convirtió públicamente en implacable juez contra el narcotráfico.
Varela presentó varias de las conferencias que el «juez estrella» impartió a principios de los años noventa en Galicia, una de ellas en el Club de Prensa del diario «Faro de Vigo», del mismo grupo editor de LA NUEVA ESPAÑA. «Podrías convertirte en mi presentador oficial», dijo en tono de broma Garzón entonces. Su presentador decide ahora si lo sienta en el banquillo.