Ana G. DUQUE
Música árabe, trajes típicos africanos y mucha comida para sentirse como en casa. Después de un mes de ayuno, una quincena de musulmanes de Nigeria, Turquía, Marruecos y Senegal se reunieron ayer para celebrar, con una comida rica en grasa, el fin del ramadán. El lugar fue el local de la fundación «Compartiendo Culturas», promotora de esta iniciativa. «Como no tienen un sitio donde reunirse decidimos que la fiesta se hiciera aquí para que pudiesen compartir este día tan importante para ellos», señaló Charo Huerta, presidenta de la fundación.
Además, algunos de los inmigrantes que participaron en la actividad explicaron a los asistentes en qué consiste el ramadán y lo que significa para ellos. «Es un mes en el que te encuentras contigo mismo y reflexionas sobre tus actos», destacó Naima. Desde hace tres meses trabaja en la fundación como mediadora intercultural. «Acompaño a los inmigrantes que llegan y hago de intérprete». La joven detalló que durante veintinueve días no pueden ingerir ningún alimento hasta que cae el sol. «Es un sacrificio que hacemos», remarcó Naima. Por la noche, tras la cena, visitan a sus familiares y salen a pasear «para hacer la digestión».
Para Tiyani, natural de Nigeria, el ramadán tiene otro significado: «Durante el ayuno nos ponemos en el lugar de las personas que no tienen dinero para comer». Explicó también que en su país, durante el tiempo que dura la fiesta religiosa, «las personas con más recursos reparten comida entre aquellos que no tienen nada, para así ayudarles». El nigeriano Tiyani acude a la fundación a diario desde hace cinco meses. «Vengo para aprender español e informática», explicó.
La fundación «Compartiendo Culturas», que nació hace poco más de un año, desarrolla más proyectos destinados a inmigrantes y ciudadanos en riesgo de exclusión social. «Les informamos sobre los recursos de la ciudad que les pueden ser útiles», subrayó Charo Huerta. Además en una sala con ordenadores que existe en el local, los inmigrantes aprendan a buscar empleo en internet y puedan hablar con sus familias.
Con el proyecto «Aljamia, cultura y ciudadanía» la fundación pretende acercar los problemas de la inmigración a la ciudadanía y fomentar la convivencia, según explicó la presidenta. Asimismo trabajan con una empresa de inserción laboral que «en este momento ha dado trabajo a tres personas», subrayó Huerta. También cuentan con un área de voluntariado y realizan talleres de alfabetización, iniciación y perfeccionamiento de la costura y clases de apoyo de matemáticas y gramática para los inmigrantes que quieren obtener el graduado.
En la fundación «Compartiendo Culturas» llevan a cabo actividades de sensibilización en colegios y asociaciones de padres de alumnos con el fin fomentar la convivencia con los inmigrantes.
Asimismo, están trabajando en un nuevo proyecto dirigido principalmente a mujeres: unos talleres de ciudadanía para que conozcan cuáles son sus derechos y sus deberes. Esta propuesta, además, tiene el objetivo de ponerles en contacto con las entidades de la zona en la que viven «para que se sientan partícipes del barrio y compartan su cultura y experiencia», concluyó Huerta.