Juan C. GALÁN
«Miguelín, esto lleva meses así», señala, indignada, Ana Pérez, una vecina de La Maruca. El «Miguelín» al que se refiere es Miguel Ángel Villalba, presidente de ASIA, que ayer visitó la deprimida zona avilesina en compañía de su secretaria de organización, Felisa Acero. El «esto» es un solar en pleno barrio repleto de basura y desperdicios. Un auténtico vertedero pirata. «Este espacio estaba cerrado con rejas y hierros, pero los gitanos lo tiraron abajo y empezaron a echar ahí todo lo que les sobra», explica Concesa Fernández, otra de las vecinas afectadas por los problemas de convivencia en La Maruca y El Reblinco.
La visita de ASIA tenía como fin último hacer un listado de los abundantes desperfectos y carencias de la zona. Sin embargo, sus miembros se encontraron con un trastorno de fondo que se encuentra latente desde hace décadas y que no parece tener solución: los problemas de convivencia entre los vecinos. Una parte de ellos, la mayoría de etnia gitana, ha decidido, siempre según sus convecinos, dictar su propia ley a la que someten el día a día de la zona. «Si a esta gente les plantas cara, se juntan cuatro o cinco y te amenazan con palos o con barras de hierro», se queja un vecino.
Concesa Fernández ha sufrido de manera directa el vandalismo de un sector de los vecinos del barrio. En un momento de descuido, una parte de la fachada de su vivienda apareció destrozada. «Se conoce que se liaron a golpes con troncos, o con barras, porque sí, para jorobar, porque les dio la gana», lamenta Concesa Fernández. A pocos metros de su vivienda, en la calle Torner, la puerta de un garaje presenta un considerable boquete. Algunos vecinos culpan del desperfecto a los mismos que, presuntamente, han destrozado la fachada de la vivienda de Concesa Fernández. «Un día, sin venir a cuento, destrozaron la puerta y estuvieron algunos un tiempo durmiendo dentro del garaje», comenta un vecino de La Maruca.
Los trastornos de convivencia tienen, según la opinión de varios vecinos de la zona, un fondo de conflicto racial. Los afectados señalan que los autores de los actos vandálicos son gitanos. En efecto, La Maruca y El Reblinco son los barrios de Avilés con mayor densidad de población de esta etnia. No en vano, El Reblinco, hoy modestamente urbanizado, fue en el pasado un asentamiento de chabolas. Sin embargo, como señala Argimiro Jiménez, también gitano, «pagamos justos por pecadores». Una reivindicación con la que Jiménez pretende aclarar que una parte de los habitantes de etnia gitana de la zona se han integrado sin problemas. Jiménez, como Amparo Escudero y María del Carmen Escudero, salen a la puerta de su casa sorprendidos por la visita de los miembros de ASIA. «A ver si arreglan el barrio. Se nos caen los tejados abajo y los barrenderos pasan cuando les da la gana y porque tienen que pasar», lamenta María del Carmen Escudero.
A Miguel Ángel Villalba, la depauperada situación de La Maruca y El Reblinco no le pilla de sorpresa. No en vano, es la cuarta vez que visita la zona. «A cada año que pasa, esto va a peor y nadie le pone remedio», lamenta. «Parece mentira que a un kilómetro de donde se construye el Niemeyer haya estos problemas de convivencia y estos desperfectos», añade el presidente de ASIA, que elaborará un informe de la situación de ambos barrios para enviárselo a la Alcaldesa. «No sólo hay que denunciar los daños materiales. También los sociales. La zona es un foco de tráfico de drogas», comenta Villalba.
Mientras la comitiva se aleja, un vecino se asoma a la ventana. Chista a Villalba. «¡Eh! A ver si nos ponéis una piscina guapa aquí», le espeta. Villalba sonríe.