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Rivero, refugio de peregrinos

En la calle que fue considerada la autopista avilesina, un hospital cobijó a viajeros que iban hacia Santiago

 
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Miguel Cimadevilla y Ana Belén de los Toyos ayer durante su ponencia.
Miguel Cimadevilla y Ana Belén de los Toyos ayer durante su ponencia. miki lópez

Vanessa PARAPAR
«Rivero era la autopista de Avilés durante la época de auge del Camino de Santiago. Numerosos peregrinos atravesaban la calle de la villa rumbo a la ciudad gallega», explicó ayer Ana Belén de los Toyos, documentalista de la ruta a Compostela durante la mesa redonda «La calle de Rivero y sus caños» que tuvo lugar en el marco de los actos de «Exfiavilés».

En 1515 se mandó construir en Avilés el hospital, a la altura que ocupa hoy la fuente de los caños de Rivero, que diera cobijo a los intrépidos aventureros que se dirigían a abrazar al apóstol. Según contó ayer De los Toyos, un investigador inglés del siglo XVIII decía en sus escritos que el hospital de Avilés era un lugar de reposo para los peregrinos que pasaban por la villa.

El fundador del hospital fue Pedro Solís, un distinguido eclesiástico avilesino de la época. Quien fuera preceptor de Enrique IV creó en la villa una construcción de 1.325 metros cuadrados que contaba con casa, huertos, capilla y cementerio. El camposanto lo diferenció de los demás hospitales de peregrinos que había en el Principado. «Sólo el centro sanitario de Oviedo tenía cementerio para los caminantes, luego descubrimos que el de Avilés también contaba con uno», relató ayer de los Toyos.

El sanatorio, como todos los de la época, estaba administrado por un habitante de la ciudad y ofrecía los mismo tratamientos que el de Oviedo o el de Lena. «Cubierto, cama y fuego era con lo que se encontraban los peregrinos que visitaban Avilés antes de llegar a Santiago», contó la experta. Para hacer frente a sus gastos el hospital contaba con los beneficios de sus tierras. Asimismo, ingresos de visitantes, limosnas y enseres personales de los peregrinos que morían en sus habitaciones enriquecían su patrimonio.

A partir de 1622 y debido a las numerosas defunciones que se registraban en el centro sanitario se comenzaron a registrar las defunciones. «En el libro de San Nicolás aparecían los nombres de los peregrinos que fallecían en el hospital de San Pedro. Aunque en el siglo XVII también se registraron las muertes de una hospitalera y de un zapatero», relató de los Toyos.

Según explicó Miguel Cimadevilla, asesor de patrimonio del Principado, la fachada del hospital tenía dos escudos representativos del siglo XVI que desaparecieron en 1948, año en el que se derribó la casa que sirvió de asilo a miles de peregrinos que caminaban rumbo a Santiago.

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