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Licenciatura con sobresaliente empresarial

La castrillonense Natalia Álvarez y la avilesina Paz Corrales obtienen el premio al mejor proyecto del año del Colegio de Biólogos

 
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Paz Corrales (quinta por la izquierda) y Natalia Álvarez (séptima por la izquierda), junto al resto de sus compañeros.
Paz Corrales (quinta por la izquierda) y Natalia Álvarez (séptima por la izquierda), junto al resto de sus compañeros. 

Juan C. GALÁN
La castrillonense Natalia Álvarez y la avilesina Paz Corrales son dos empresarias en potencia. Ambas estudiantes, recién licenciadas en Biología por la Universidad de Oviedo, pueden presumir de haber rematado el curso con un sobresaliente. Su trabajo «Arambuesa: del matorral a la mesa», realizado en colaboración con otros siete compañeros de clase, se llevó el premio al mejor proyecto del año de acuerdo a la elección del Colegio de Biólogos de Asturias.

Natalia Álvarez y Paz Corrales, junto a sus compañeros (el equipo lo completaban las ovetenses Eva Alba, Andrea Prado y Gloria Llera, las gijonesas Paula López y Paloma Martín, la mierense Iria Baragaño y el cántabro Alberto Peñil), montaron una empresa ficticia de siembra y recolección de frutos del bosque. Según cálculos de las propias artífices, si la idea se pusiera realmente en marcha daría unos beneficios millonarios en tan sólo siete años. El problema: ponerlo en marcha supondría una inversión de 1.000.000 de euros sólo en maquinaria. Sin embargo, para ambas estudiantes, el esfuerzo merecería la pena.

El trabajo de Natalia Álvarez y Paz Corrales cumplió al dedillo las premisas impuestas por el Colegio de Biólogos. Sin embargo, gozó de una cualidad que le permitió imponerse a los otros cuatro proyectos presentados: la originalidad. La pauta señalaba que el trabajo debía realizarse en comarcas con altas tasas de paro y en suelos en desuso. El grupo de Álvarez y Corrales eligió el concejo de San Martín del Rey Aurelio, uno de los que más sufren el desempleo en la región. Buscaban un solar grande, llano y que se ajustara a los requisitos de acidez y cantidad de materia orgánica. Encontraron uno en la localidad de Cotobello, una mina a cielo abierto abandonada que en su día había pertenecido a Hunosa. A simple vista, parecía ideal. Tras hacer las prospecciones de rigor, los estudiantes decidieron ponerse manos a la obra.

A pesar de que el terreno había pertenecido a una mina lo que, a priori, podría haberlo dejado yermo, el grupo de Natalia Álvarez y Paz Corral no tiró la toalla. «Habíamos leído que en un terreno muy parecido habían cultivado kiwis, así que nos animamos más de lo que estábamos», recuerda Corral. Satisfecha la primera tarea, la de rehabilitar el terreno, el equipo comenzó a estrujarse el magín para idear un proyecto original. La maquinaria funcionó con éxito. Así, el proyecto recogía la instalación de una casa prefabricada en la que los estudiantes impartirían, de manera ficticia, cursos del Inem a desempleados de la zona para formarlos en las labores de siembra y recolección de arándanos y frambuesas. Así, el grupo se aseguraba otro de los requisitos: que la imaginaria empresa creara puestos de trabajo. Además, Natalia Álvarez, Paz Corrales y sus compañeros programaron sobre el papel una serie de visitas a colegios de la zona en las que explicarían las bondades de los frutos del bosque. Una exposición itinerante que incluso trascendería las fronteras asturianas. El objetivo: potenciar el consumo de un producto producido en Asturias. Para rematar el ejemplar proyecto, los estudiantes plantearon la posibilidad de colaborar con la empresa Asturberries, que copa el mercado regional de frutos del bosque, con el fin de manufacturar mermeladas e infusiones.

El trabajo, de tres tomos y un total de 500 páginas, fue un rotundo éxito. «El resto de proyectos dependía exclusivamente de una posible colaboración con Asturberries, pero el nuestro iba más allá y ofrecíamos un montón de alternativas. Era un trabajo muy original y por eso nos dieron el primer premio», explica Natalia Álvarez, la encargada de exponer ante el tribunal todo el trabajo conjunto, todo el esfuerzo de cuatro meses de reuniones, lluvias de ideas y trabajos de campo.

«Lo que aprendimos de verdad es lo que cuesta poner en marcha y mantener una empresa», afirma Paz Corrales. Sin embargo, a tenor de los resultados, la experiencia le abre a este grupo de estudiantes un futuro repleto de posibilidades en el sector. De momento, han registrado el proyecto, pero dudan de que pudieran explotarlo en el futuro al pertenecer gran parte del mismo a la Universidad de Oviedo. De momento, por lo que pueda pasar, Natalia Álvarez y Paz Corrales comienzan a plantearse la posibilidad de opositar a profesoras de Secundaria.

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