Ana G. DUQUE
Llaranes era un poblado modelo. Los obreros de Ensidesa llegados de todas partes de España se implicaban en la vida diaria del barrio como una gran familia. Así es como definen los antiguos alumnos y profesores la época del grupo escolar masculino de Ensidesa, del que se hicieron cargo los Salesianos desde el año 1959 hasta 1982.
Durante 23 años los religiosos ejercieron la docencia en el poblado, y ayer antiguos alumnos y profesores celebraron las bodas de oro de la fundación del colegio con una misa en la parroquia de Llaranes. A pesar de que han pasado cincuenta años desde que la escuela abrió sus puertas por primera vez, el recuerdo de esa época sigue vivo entre quienes fueron partícipes, de una u otra forma, del colegio de Ensidesa. Y muestra de ello es el empeño de la asociación de María Auxiliadora por mantener su memoria.
Manuel Fernández fue maestro de la escuela desde el año 1962 y recuerda con cariño sus años de docencia. «El poblado estaba preparadísimo. La empresa nos prestaba toda la ayuda y todo el dinero necesario», explicó. El ex profesor destacó «la gran labor del colegio», que constituía «el centro de reunión de actividades». Remarcó, además, la importancia de la religión como instrumento de integración: «La práctica religiosa tenía un papel fundamental. Era lo que unía al poblado».
José Rosendo Jiménez llegó al colegio hacia el año 1968 y destaca la calidad de las instalaciones del centro educativo. «Para un niño de mi edad aquello era increíble», señaló. En aquella época pasaban muchas horas en la escuela porque después de clase se quedaban a jugar en las canchas deportivas que estaban a disposición de todos los niños. Jiménez recuerda con especial entusiasmo la sala de juegos en la que había un futbolín, una mesa de ping-pong y los tebeos más actuales, de «Mortadelo y Filemón» y también de los hermanos «Zipi y Zape». «Fuera de aquí aquello no existía», subrayó. Y añadió: «La primera televisión en color que yo vi fue en esa sala».
En torno al colegio se organizaban todo tipo de actividades culturales y deportivas. Los domingos por la tarde había dos sesiones de cine a la que asistían la mayoría de los niños de Llaranes y donde siempre, unos minutos antes de la película, proyectaban un corto del «Gordo y el Flaco» que hacía las delicias de los más pequeños. «Se utilizaba una máquina muy antigua y se paraba varias veces porque la película se quemaba», resaltó Juan Carlos Tovar, que estudió en el colegio a finales de los años sesenta.
El grupo escolar de Ensidesa también organizaba campamentos de verano para los hijos de sus trabajadores. El lugar elegido era Boñar. «Teníamos una piscina olímpica prácticamente para nosotros solos», remarcó Jiménez. Los que fueron testigos de la época más viva del poblado de Llaranes recuerdan con cariño un barrio lleno de vida, en el que los vecinos compartían el día a día como una gran familia.