Juan C. GALÁN
El cementerio de Père-Lachaise, en París, ha trascendido de la idea de camposanto para convertirse en toda una atracción turística, en la meca del fetichismo gótico. Intramuros, descansan los restos de toda una pléyade de celebridades: Oscar Wilde, la actriz Sarah Bernhardt o la cantante Edith Piaff reposan en las entrañas del gigantesco cementerio. No obstante, es la tumba de Jim Morrisson la estrella del lugar. La lápida del que fuera líder del grupo «The Doors» es visitada al año por miles de fans y curiosos, por lo que se ha convertido en la marca corporativa del camposanto parisiense.
Père-Lachaise es el cementerio más famoso del mundo. No obstante, varias ciudades a lo largo y ancho del mundo han seguido su estela y han caído en la cuenta del atractivo de sus camposantos, no sólo en los aspectos arquitectónicos y paisajísticos -que también-, sino por la importancia histórica de los personajes que allí descansan. De esta manera, Madrid y Barcelona han ingresado en la Asociación de Cementerios Significativos de Europa (ASCE), en el que se engloban cementerios de Italia, Lituania y Eslovenia. El objetivo: conseguir ayudas de la Unión Europea para potenciar el aspecto turístico de sus camposantos. El «turismo de ultratumba» no es un invento reciente. En el cementerio de Woodlawn, en el Bronx (Nueva York), cada primavera se organiza un concierto para honrar la memoria de su «huésped» más ilustre: Duke Ellington.
La pujanza del turismo de cementerio es aplicable también a Avilés. Salvando las distancias, La Carriona es un Père-Lachaise en miniatura. Tanto es así que el Ayuntamiento, en colaboración con la Sociedad Económica de Amigos del País de Avilés y Comarca, elabora un itinerario por las tumbas más ilustres del camposanto, que acoge los restos de decenas de personajes de la cultura y el deporte. El catálogo, a modo de cebo para los visitantes de la ciudad, tiene como objeto explotar el potencial turístico de La Carriona.
LA NUEVA ESPAÑA completó un itinerario por las tumbas más ilustres de La Carriona. La capilla, ahora objeto de restauración por parte del Ayuntamiento de Avilés, es el eje central del cementerio. En torno al edificio se ubican las lápidas más célebres. Accediendo a través de la entrada principal, es el panteón de los marqueses de Teverga el primero que se encuentra el visitante. Un edificio imponente, de unos 20 metros de altura. La figura de un ángel coronado domina la faraónica tumba de una de las familias más influyentes en la sociedad avilesina del siglo XIX uno de cuyos miembros, Julián García San Miguel, segundo marqués de Teverga, fue el artífice de la llegada a la ciudad del ferrocarril, del puerto comercial de Avilés y de la construcción de la iglesia de Sabugo. La cerradura de la reja que protege el panteón siempre está adornada con flores.
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