Diana DÍAZ
Los responsables de la recuperación del patrimonio musical español ponen el acento en el compositor avilesino Ramón Garay (1761-1823). El último paso tiene lugar estos días en Madrid, donde la Sinfónica de Córdoba graba la integral de las sinfonías del músico. La formación trabajará durante tres semanas para realizar la primera grabación de un corpus de diez sinfonías. De momento, su edición en partitura está en el aire.
Garay dio sus primeros pasos en la música de la mano de su padre, organista de la colegiata de Covadonga. Luego accedió a la catedral de Oviedo, donde recibió las lecciones del organista Juan Andrés de Lambida y también del maestro de capilla Joaquín Lázaro. Fue además discípulo de José Lidon, maestro de la capilla real de Madrid. Una oposición le abrió las puertas de la catedral de Jaén, de la que se convertiría en su maestro en 1787. Allí ejerció unos treinta años. De este modo, las composiciones de Garay se conservan principalmente en el archivo de la catedral de Jaén, aunque puede hallarse también música suya en otros archivos, como el de la catedral de Oviedo.
Además de componer música religiosa, la cual ocupa el lugar principal de su producción, Garay escribió música «profana», cuya recuperación se inició en 1996 con la publicación de la edición crítica de la sinfonías número 5, 8 ,9 y 10 por parte del Instituto Complutense de Ciencias Musicales. La edición crítica estuvo al cargo de Pedro Jiménez Cavallé -catedrático de Música de la Universidad de Jaén-, que es quien se ha encargado ahora de completar las transcripciones de la obra sinfónica del avilesino. Pero, como afirma José Luis Temes, director de orquesta responsable de la grabación, «el patrimonio debe estar grabado»; siendo la interpretación instrumental el último y definitivo paso en la recuperación de un patrimonio cultural como es la música.
Junto a las sinfonías, completa la producción no religiosa de Garay la ópera titulada «Compendio sucinto de la Revolución Española», que el año pasado se presentó en el auditorio de Oviedo en versión de concierto, tras su estreno en el Festival de música antigua de Úbeda y Baeza. Este mismo festival estrenó anteriormente la sinfonía número 6 del compositor avilesino.
Así, grupos musicales como la Orquesta Barroca de Sevilla, la Orquesta de la Comunidad de Madrid, la Orquesta de Cámara de Israel, el «Concerto Brandemburg» de Berlín o «La grande chapelle» han interpretado ya música de Garay. Un interés, sin embargo, que no termina de cuajar en las orquestas asturianas.
Jiménez Cavallé exponía, sobre la única ópera de Garay -cuya partitura y libreto fueron también responsabilidad del musicólogo Pablo Pacheco Torres- que transgredía los modelos de la música barroca. Con esta idea, en un época de transición hacia la modernidad de la música española, concibió también Garay su sinfonía, fechada a partir del momento en que el compositor toma posesión de su plaza en Jaén. Como piensa Temes, Premio Nacional de la Música, «estamos posiblemente ante la cuna del sinfonismo español, es decir, las primeras sinfonías modernas españolas en cuatro movimientos». Este es el estilo «a lo Haydn» que ofrece el director. De esta forma, la obra de Garay descubre a un creador incansable, preocupado por integrar los nuevos caminos de la música europea.