PEDRO MATA
Endocrino de la Fundación «Jiménez Díaz»
Juan C. GALÁN
Pedro Mata (Madrid, 1948) y el insigne Francisco Grande Covián mantuvieron, hasta el fallecimiento del médico asturiano, una estrecha relación. Covián formó parte del tribunal que valoró la tesis doctoral del endocrino madrileño, circunstancia que les unió hasta tal punto que Mata fue el médico personal de Grande Covián durante la última etapa de su vida. Tal relación hacía casi obligada la presencia de Pedro Mata en la presentación, ayer en el restaurante Jose's, del plato «Grande Covián», obra de José Antonio Alonso y Miguel Sierra. Mata, endocrino de la prestigiosa Fundación «Jiménez Díaz», regresó así a Avilés después de que, en 2004, la Cofradía del Colesterol le galardonara con el premio «HDL».
-Antes de nada, una pregunta absurda: ¿El colesterol existe?
-Existe. No en vano es imprescindible para la vida, necesario para formar células y hormonas. Es lo que llamamos colesterol bueno. Ahora, lo que pasa es que, en exceso, se deposita en las paredes de las arterias, las estrecha y puede llegar a obstruirlas. Eso provoca una falta de riego sanguíneo que puede desembocar en infartos, ictus o artropatías en las extremidades.
-En fin, que las farmacéuticas, al menos en este caso, no están en el ajo.
-No, nada de eso. Son leyendas urbanas. Pero, ¡ojo!, no todas las personas que tienen el colesterol alto lo tienen por comer grasas en exceso. Existe lo que se llama hipercolesterolemia familiar, esto es, un exceso de colesterol de carácter hereditario, genético. Una persona afectada por este tipo de colesterol puede llevar una dieta perfectamente equilibrada y, sin embargo, nunca eliminar ese exceso de manera definitiva, por mucho que se medique. El colesterol hereditario puede incluso provocar infartos a edades muy tempranas, entre los 35 y los 40 años.
-La población está al corriente de qué alimentos provocan colesterol pero, ¿existe alguno que sea pernicioso y la gente no lo sepa?
-Hay sustancias peligrosas, sobre todo grasas o aceites vegetales, que aparecen escondidos en otros alimentos, como la bollería o comida precocinada. Son los casos de aceites de coco o de palma.
-¿Alguna vez alguna empresa se le ha quejado por hablar mal de sus productos?
-Sí, alguna vez me ha pasado (ríe). Recuerdo que, en su tiempo, llegué a insistir mucho en que la gente no se pasara con la bollería, y hubo alguna empresa que me presentó sus quejas. De todas formas, hay que decir que muchas de estas empresas están modificando la elaboración de sus productos, sobre todo porque la gente lo exige. No obstante, aún queda mucho por hacer: por ejemplo, mejorar los etiquetados y conseguir que sean fáciles de interpretar por los usuarios.
-Seguramente habrá oído esa frase de «mi hijo no come fruta ni verduras porque no le gustan». ¿Culpa de los padres o de los niños?
-Culpa de todos en general. El niño come lo que se acostumbra a comer desde sus primeros años de vida. Pero luego es cierto que existe un déficit de educación alimentaria en los colegios. La escuela debería fomentar con más ahínco unos hábitos alimenticios saludables. Si a un niño, desde pequeño, se le inculcan una serie de costumbres a la hora de comer, no se le van a olvidar nunca y las seguirá toda la vida.