Saúl FERNÁNDEZ
En Miranda nació un rey que reinó en la Patagonia. Se llamaba José Menéndez y fue el dueño de uno de los latifundios más gigantescos del continente americano. En su honor, se levantó el cine de pueblo. Sus dueños lo bautizaron, precisamente, con el nombre de la región sureña de Argentina y Chile, la punta más meridional y más helada del Nuevo Mundo; una tierra llena completamente de promesas.
Los mirandinos nunca perdieron contacto con América. Los vecinos de la parroquia levantaron el vuelo muy pronto y, desde el principio, recorrieron todas las esquinas de la península. Cuando se quedó pequeña, cruzaron el charco. Cuba recibió a los vecinos del pueblo. Muchos de ellos, cuando regresaron, se convirtieron en benefactores de Miranda. Y su huella se encuentra en casas como la de Cantalapiedra, como el chalé de doña Ramona, Villa Corina o, el propio barrio de El Alfaraz, cuyo primer habitante se llamaba Antonio y era conocido como «El Santo».
Para recordar estos vínculos trasatlánticos los Amigos de Miranda organizaron este fin de semana el festival «Mirandamérica», el tercero consecutivo: canto coral, comida de convivencia, una gran reunión de amigos en torno a un cuenco de arroz a la asturiana.
Los xagós -en bron (jerga de los caldereros), amigos- se levantaron pronto para poner en el fuego treinta kilos de arroz, quince de costillas, diez de salchichas y otros diez más de longaniza. Los cocineros cuentan con más de treinta años de experiencia en esto de preparar menús para regimientos. El trabajo de ayer, sin embargo, no fue muy dificultoso. «Lo normal es una paella para ochocientos, lo hemos dejado en la mitad... así que, podían haber llegado al jardín una cuatrocientas personas», comentó una «xagotina». Al final se gastaron todos los cuencos. «Así que ponga que vinieron más de doscientos veinte», aseguró.
La comida se sirvió bajo dos jaimas que prestó la empresa Pozo Amago. Los invitados fueron pasando al jardín de las antiguas escuelas de niños de Miranda, el centro en el que el dramaturgo Alejandro Casona aprendió a leer -así lo recuerda una placa conmemorativa-. Antes del banquete otoñal y americano, se celebró una eucaristía en la iglesia de Santo Domingo. Fue una misa criolla y cantada. Participó el cantautor argentino Rafael Amor y el grupo «Ecos y cuerdas». Se escucharon temas como «Alma llanera», de Venezuela.
La tercera fiesta de la Hispanidad en Miranda, como siempre sucede en este barrio, contó con la participación de casi todo el vecindario, que, tras el arroz y las rosquillas se puso a cantar.