Juan C. GALÁN
Durante sus primeros años de vida, Hugo era incapaz de articular palabra. Sus padres notaban en él un comportamiento extraño, pero nadie les ofrecía una explicación. La hija de María Cruz García estaba en la misma situación. «En el colegio no nos daban ninguna solución y los médicos no sabían qué tenía», recuerda García. La pequeña sufría el llamado trastorno general del desarrollo. Nunca aprendió a hablar. Se lo diagnosticaron tarde.
La soledad y la desesperación llevaron en 2006 a una serie de padres de niños, la mayoría ovetenses, que sufren tanto trastorno general del desarrollo como autismo, a formar la asociación Aprender Asturias. Ayer, tanto María Cruz García como José Otero, presidente de la agrupación, presentaron el proyecto en el Club LA NUEVA ESPAÑA de Avilés.
Aprender Asturias, merced a inversiones privadas, ayuda a los padres de hijos con carencias de desarrollo al pago de un tratamiento que corre a cargo de un grupo de terapeutas y psicólogas. «La atención es individualizada y durante 20 o 30 horas al mes. A los niños se les enseñan una serie de habilidades y termina por dar resultado», explicó la psicóloga Carlota Alonso durante la charla. La propia Alonso, no obstante, lamentó la falta de receptividad de los colegios públicos a la hora de incorporar esta práctica.