S. F.
-En «Piedras en los bolsillos» lo da todo.
-Doy más que todo. Interpreto a ocho personajes... ha sido un trabajo brutal y estoy seguro de que, por eso, habrá una recompensa...
-El portero de «Aquí no hay quien viva» le ha dado popularidad. ¿Le molesta?
-Uno se debe siempre al público. No me creo a los compañeros que dicen que no les gusta que los reconozcan por la calle... El mío es un trabajo muy egocéntrico y cuando te dedicas a esto lo que quieres es que te admiren. Vale que a veces resulta como una novia que te quiere mucho... Al final le dices: «Anda, no me quieras tanto». A veces, cuando he estado mal de ánimo he salido a la calle para que me reconozcan y he llegado estupendo... Pero, bueno, también me pasó que un tipo una vez casi me da una hostia, cuando lo del «No a la guerra». Pero me consuela el pensar que no era por mi trabajo, que era cosa de política.
-¿Qué le dio «Aquí no hay quien viva»?
-La oportunidad de trabajar con compañeras como Emma Penella o Mariví Bilbao... Aprendí muchísimo de ellas. Emma se portó conmigo como una madre. Cada vez que hablo de ella me emociono (se seca las lágrimas). En Madrid vivo solo y cuando estaba malo no se olvidó de mí... También me dio mucha popularidad. Fue un escaparate para mi trabajo.
-En mayo rueda una película.
-Se llama «Cinco metros cuadrados», de Mac Lembeck.