FERNANDO TEJERO
Actor, protagoniza «Piedras en los bolsillos», que se estrena mañana en España
Saúl FERNÁNDEZ
Fernando Tejero (Córdoba, 1969) está inquieto. Estrena mañana viernes en el Palacio Valdés (20.15 horas) su primer papel protagonista sobre las tablas de un teatro. Se trata de la tragicomedia «Piedras en los bolsillos», un espectáculo de la irlandesa Marie Jones. Tejero se sienta en uno de los tresillos del «foyer» del odeón local y «Woody», su perro, no le pierde de vista.
-Es muy bueno, un artista que, además, tiene nombre de artista.
-¿Por Woody Allen?
-Desde luego.
-«Piedras en los bolsillos» es una tragicomedia que protagonizan dos figurantes de una superproducción. ¿Los extras son la clase obrera de la interpretación?
-Sin ninguna duda. La mayor parte de la gente que hace figuración está en paro. Une un trabajo con otro para poder juntar un poco de dinero... A mí no me tocó nunca hacer figuración, aunque tengo compañeros que sí que trabajaron en ese negocio. El personaje que interpreto tiene tanta ilusión que piensa que va a terminar siendo Marlon Brando... y eso es algo muy común. A veces me he encontrado con figurantes en la calle y me paran y me dicen que han trabajado conmigo, pero, claro, yo no me acuerdo. No sé si son la clase obrera, pero, desde luego, creo que son necesarios para que tú puedas contar la historia que tienes entre manos. Hay compañeros que no los tienen en cuenta. Yo creo que no se puede tratar a los figurantes con la punta del pie ni a los actores como si fuéramos estrellas.
-¿Hay que pasar por la escuela de interpretación para ser un buen actor?
-Es muy importante, aunque el talento no se da en la escuela: se tiene o no se tiene. Lo que aprendes es a dar forma a ese talento con el que llegas al aula. Y eso está bien porque el saber no ocupa lugar, ¿no le parece?
-Por supuesto.
-Me metí en la escuela porque tenía un bloqueo personal enorme: era muy tímido. Lo que me permitió la escuela es conocerme muy bien... y con eso, al final, te defiendes de las situaciones difíciles.
-Y cuando a uno le llega la fama, ¿tiene que tomar partido?
-¿Se refiere a las acciones sociales?
-Y a las políticas.
-Nadie te obliga, aunque no puedes negar que, si eres conocido, el público se puede identificar contigo. Me llamaron para la campaña de la ceja, la de ZP, y hace unos días terminamos una a favor de la prueba del Sida... Prefiero las campañas en las que participo solo que las otras, porque te juntan con gente con la que puedes o no coincidir. Sabina es protaurino, por ejemplo, y yo no. Y los dos salimos en la de Zapatero...
-¿Por qué ha tardado tanto en meterse con un papel protagonista en el teatro?
-Me habían ofrecido muchos proyectos, pero todos eran de hacer taquilla... Si se puede hacer taquilla y una obra de prestigio a la vez, mejor que mejor. Ahora estoy «cagao»... El teatro me pone cachondo y eso es porque ofrece el orgasmo más inmediato. Y, además, es la base de la interpretación.