J. C. G.
Los excesivos precios de las copas en los bares y el riesgo de consumir alcohol de mala calidad, el coloquialmente llamado garrafón. Ésas son algunas de las razones que dan los jóvenes que practican «botellón» para justificar su práctica. Sin embargo, los hosteleros de la zona de movida de Avilés niegan la mayor y defienden la calidad de las bebidas que sirven, al tiempo que justifican la diferencia de precios con respecto a los de los supermercados con la necesidad de ofrecer un servicio de calidad.
«Hace mucho tiempo que en los bares de ambiente juvenil de Avilés no se da garrafón», señala un hostelero de la zona de Sabugo. «Antes se servía alcohol de muy baja calidad en botellas de marca, y daba el pego. Otro método era dejar una botella destapada mucho tiempo, con lo que el alcohol perdía fuerza, se quedaba aguado, y duraba más tiempo. Ahora ya no se hace, al menos en los casos que conozco», comenta el propietario de un bar de la zona de movida.
Sin embargo, no todas las opiniones coinciden. Los propietarios de locales con licencia de música amplificada, que pueden abrir hasta las cinco de la mañana, señalan competencia desleal por parte de aquellos con licencia de cafetería, que deben cerrar sus puertas a las 2 horas. «Hay bares que, a pesar de no tener licencia, abren hasta las tantas y sirven alcohol a gente muy joven», critica otro hostelero. Sin embargo, la ley prevé incluso el cierre del local en caso de servir alcohol a menores.
En cuanto al pretendido abuso en las tarifas que se aplican en los bares, los propietarios se justifican por la necesidad de ofrecer servicios de calidad. «Entiendo que por lo que cobramos por una cerveza (2,50 euros de media) un crío se puede comprar cinco latas en un súper, pero nosotros necesitamos pagar camareros, insonorización, alquiler, la licencia para pinchar música... Tenemos muchos gastos», señala un hostelero. El margen medio por venta de alcohol ronda el 300 por ciento con respecto al precio de compra.