Ignacio PULIDO
Copas demasiado caras y bebidas «de baja calidad» en los bares y el buen rollo que da juntarse al raso con los amigos son los argumentos con los que los jóvenes avilesinos insisten en respaldar la celebración del «botellón». Hace apenas unos días, la alcaldesa Pilar Varela rechazó tajantemente la propuesta de crear un «botellódromo» como solución para sacar del centro de la villa esta conflictiva actividad vinculada al ocio del fin de semana. Pero los jóvenes siguen en sus trece: a pie de calle, la mayoría los adolescentes solicita un espacio donde disfrutar del «botellón» sin molestar a los vecinos.
El «botellón» del pasado sábado se presentaba «calentito» después de una semana cargada de declaraciones a favor y en contra de esta práctica eminentemente juvenil. Como primera medida disuasoria, la Policía Local tomó posiciones para impedir la invasión juvenil del parque Cabruñana. Los guardias permanecieron en el centro del espacio verde hasta pasada la medianoche. Este control desplazó el «botellón» a la plaza de Hermanos Orbón, donde se dieron cita decenas de jóvenes.
El debate generado en torno a la creación de un posible «botellódromo» ha calado hondo entre la juventud local. «La creación de un "botellódromo" nos parece de lo más lógico», señalaba el avilesino Manuel Rionda. «Y tendría que ubicarse en un lugar próximo al centro de la ciudad, que no estuviese muy alejado como sucede en otros sitios», añadía Edgar García. «La plaza de Hermanos Orbón sería un lugar idóneo porque aquí, al contrario que en el parque de Cabruñana, apenas hay vecinos», concretaba su propuesta.
El otro gran caballo de batalla de los jóvenes encuestados por LA NUEVA ESPAÑA es quejarse de que «la bebida vendida en la mayoría de los bares es de baja calidad». Del mismo modo, critican «el elevado precio» de las copas. «En gran parte de los locales te venden garrafón. En el "botellón" nos gastamos unos cinco euros de media y sabemos lo que consumimos», afirmaba Iván Menéndez. «Aparte del dinero que se ahorra, todo responde a una cuestión de salud. Sabes lo que bebes y no te arriesgas a consumir bebidas adulteradas», resalta Edgar García. Y añade: «El precio mínimo de una copa en un pub o una discoteca es de cuatros euros y medio. En el botellón con cinco euros podemos beber el doble». Del mismo modo, el gijonés Pedro Miyar apunta a la crisis como otra de las causas que han originado el repunte de los botellones. «Mucha gente no se puede permitir el gastar seis euros por cada cacharro».
No obstante, muchos partidarios del botellón afirman que seguirían bebiendo en la calle aunque descendiese el precio de las copas en los bares. «Estás a tu aire, disfrutas de una mayor libertad. Hay buen ambiente y conoces a mucha gente», asegura Edgar García. En cambio, otros, como Iván Menéndez optarían por el bar. «Si hace bueno prefiero la calle, se está más cómodo. No obstante, lo malo del "botellón" es que no hay música», lamenta.
Suciedad, borracheras y desórdenes cívicos son la cara oscura del botellón. «En Cabruñana no hay contenedores y las papeleras no son suficientes. De todos modos, aunque los instalaran habría gente que mantendría el entorno limpio, pero otros no», admite un joven.