F. L. JIMÉNEZ
Los trescientos metros que, aproximadamente, separan en línea recta el Centro Cultural Niemeyer del casco urbano de Avilés se tornan una barrera cuando de comunicar uno con otro se trata. La ría, por un lado, y las vías del ferrocarril, por otro, complican la construcción de los accesos y obligarán, en tanto que los trenes sigan pasando por donde lo hacen ahora, a soluciones más o menos «imaginativas» con efectos secundarios: ya sea a pie o en coche, para llegar al Niemeyer habrá que dar rodeos. Los avilesinos, conscientes del hecho, se resignan a ver el Niemeyer tan cerca y tenerlo tan lejos.
La presentación la semana pasada de la pasarela peatonal que comunicará el paseo de la ría con la plaza del Pescado, la «Grapa» como ya se la ha comenzado a llamar por su parecido con ese objeto, puso de manifiesto la teoría del rodeo: 305 metros de recorrido para cubrir una distancia en línea recta de 188. A eso aún hay que añadir otros 150 metros -en total, casi medio kilómetro-, que serán los que tengan que recorrer los usuarios de la pasarela para llegar a la plaza del Niemeyer: primero cruzando el puente de San Sebastián y luego el pasadizo bajo la arteria del Puerto.
La elección del coche no simplifica el recorrido hasta el Niemeyer. La previsión del Principado es construir el acceso rodado al centro cultural aprovechando las antiguas entradas a Ensidesa desde el puente Azud. Esto, traducido a metros, son más de dos kilómetros y media docena de semáforos por medio desde la plaza del Pescado, donde estará ubicado el centro de recepción y venta de entradas del Niemeyer.
La tercera opción de comunicación del Niemeyer aún no se ha presentado en sociedad. Se trata de la pasarela que construirá el Puerto de Avilés desde los pantalanes deportivos ubicados frente al parque del Muelle. En este caso, más que la distancia, el problema se presenta en forma de seguridad: para acceder a la pasarela desde el casco urbano hay que cruzar las vías y la avenida del Conde de Guadalhorce a la altura del paso de Larrañaga.