Myriam MANCISIDOR
«También soy una jugadora compulsiva en recuperación y gracias a Jugadores Anónimos llevo muchos días sin jugar», asegura Mari, una ludópata que en 1996 decidió alejarse del juego y buscó amparo en una asociación que ahora celebra su veinte aniversario con distintos actos programados en Oviedo. El colectivo tiene desde hace once años una delegación en Avilés y el número de ludópatas que solicita cobijo en esta asociación ha crecido en los últimos meses. El colectivo, según datos facilitados por Luis, nombre ficticio del representante de la asociación, atiende de media a quince avilesinos al día. Muchos son jóvenes. Y la crisis hace mella: hay quien busca en el juego la solución a sus problemas.
Las máquinas tragaperras, afirma Luis, se llevan el 63 por ciento de la recaudación por juegos de azar. Enganchan a cientos de personas que dejan parte de su vida en cada moneda que introducen en los aparatos de juego. Mari se presenta como jugadora compulsiva. «Ahora es fantástico el poder hacer una vida normal sin presiones ni mentira, no como cuando estaba enganchada al juego: entonces tenía una cadena que me apretaba cada vez más y que rompí con mi recuperación. Ahora soy libre», asegura esta mujer. Ella era una esclava del juego. En Jugadores Anónimos encontró confidencialidad, respeto, compresión y libertad. «Nuestro programa no solo es para dejar de jugar, es para aprender a vivir sin juego», explica Luis.
Mari, Carlos, Pedro, Ignacio... son hombres y mujeres de la comarca avilesina que han hecho del juego su peor pesadilla. La ludopatía está considerada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) una enfermedad desde 1992. Afecta por igual a ambos sexos. Las máquinas tragaperras, las quinielas, la lotería, los cupones, el bingo, el casino, los juegos de cartas y ahora también las apuestas por internet incitan al juego a cambio de dinero. Quien padece esta patología sufre, según las OMS, un descontrol de sus impulsos. Colectivos como Jugadores Anónimos respaldan a los ludópatas.
Esta asociación cuenta con seis delegaciones en Asturias y atiende, en total, a unos 120 ludópatas y también a sus familiares. «Los jugadores anónimos lo primero que tienen que hacer al llegar aquí es reconocer que tienen un problema. A veces dar este paso es difícil porque generalmente es un hábito de muchos años y además la sociedad nos mete por los ojos el juego: en la televisión, en internet, en la calle... siempre hay posibilidades para jugar», sentencia Luis, y añade: «El segundo paso es hacer ver que tras cada jugador hay una persona y una adicción que le arrastra».
Paco es otro jugador anónimo a tratamiento en Avilés. «Jugadores Anónimos no es la panacea pero es el mejor sistema para alejarse del juego siempre y cuando se asista con constancia a las terapias», dice este hombre que durante cuatro años estuvo «enganchado» a las máquinas tragaperras. Hace año y medio decidió dar un giro a su vida. «La gente nos trata de viciosos pero tenemos un problema mental por el que, incluso, podemos llegar a matar», subraya antes de entrar en la sesión que se celebra cada jueves a las siete y media de la tarde en el local de la calle Cuba.
En Avilés, los grupos de Jugadores Anónimos se llaman Ilusión (el de ludópatas) y Esperanza (el de familiares). El juego no entiende de perfiles ni condiciones sociales. El representante de la asociación lanza un mensaje: «Hay salida, pero hay que ser constante en la recuperación de la enfermedad».