Juan C. GALÁN
La crisis ha dado la vuelta al mundo como si de un calcetín se tratase. Los conceptos que hasta hace unos meses se consideraban canónicos están ahora en tela de juicio. No sirven. Todo se ha vuelto del revés, incluso físicamente hablando. Si el suelo, la superficie, ya no genera riqueza, ¿por qué no buscarla ahora debajo de las piedras? Todo un mundo paralelo yace bajo nuestros pies, esperando que alguien lo descubra y lo saque a la luz. En este sentido, la comarca de Avilés vive una auténtica fiebre arqueológica. En realidad, para la mayoría de los protagonistas, el fenómeno no alcanza la categoría de «boom», simplemente «ahora se le presta más atención», según asegura el arqueólogo Nicolás Alonso.
En la actualidad, hasta tres intervenciones coinciden en el tiempo dentro de los lindes de la comarca: las excavaciones del Castillo de Gauzón y de la cueva del «Hueso» en Pillarno, ambas en Castrillón, y la prospección arqueológica de los yacimientos del llamado Prao detrás de la iglesia, en Bañugues (Gozón). Una actividad frenética a la que se sumarán en breve los trabajos en la iglesia vieja de La Peral, en Illas, y la intervención en el viejo convento de los Padres Franciscanos, el fin de cuyo desmontaje, ahora en proceso, dejará a la intemperie todo un entramado de restos de datación medieval.
Avilés es, para el profesor de Historia Antigua Javier Conde, «un lugar privilegiado» para las intervenciones arqueológicas, debido a su antigüedad. En efecto, los arqueólogos se han afanado en el último siglo en dejar al descubierto la secular historia de la ciudad. Sin embargo, la actividad parecía estancada hasta que en 2007, de forma fortuita, las obras de remodelación de un edificio de la calle La Cámara dejaron al descubierto uno de los yacimientos más singulares de los encontrados hasta la fecha en Avilés: útiles de la época paleolítica. El hallazgo pareció espolear a toda una generación de jóvenes arqueólogos asturianos que pusieron sus ojos en la comarca de Avilés como tierra de promisión de la arqueología en el Principado. Así, el descubrimiento del Castillo de Gauzón, ahora redactado entre los siglos VII y VIII, y no en el XIII como se creía, es uno de los puntos culminantes de esta fiebre por la arqueología en el entorno de Avilés.
El hallazgo del Castillo de Gauzón no sólo es prominente en cuestiones meramente arqueológicas. También ha abierto la espita al aprovechamiento turístico de la zona descubierta. Así, durante todo el verano, los responsables de la excavación, en colaboración con el Ayuntamiento de Castrillón, han promovido visitas guiadas, de carácter gratuito y abiertas al público que han puesto de relieve el entorno del castillo. Aunque las visitas no han dejado ni un euro en las arcas municipales, el éxito de la convocatoria ha situado en el mapa al concejo, lo que supone un primer paso para futuros réditos en materia de turismo.
Los protagonistas de las excavaciones en marcha en la comarca aplauden la iniciativa del Castillo de Gauzón, aunque en su mayoría rehúsa convertir los hallazgos en un foco de turismo incontrolado y meramente crematístico. Los arqueólogos, en su mayoría, son poetas en esencia. Lo suyo es puro romanticismo, y se alejan cuanto pueden de los aspectos mundanos. Sin embargo, como dice Javier Conde, «excavar por excavar no tiene sentido». El profesor de Historia Antigua pone como ejemplo a Italia, uno de los adalides del llamado ecoturismo. «En Italia, toda excavación termina con un proyecto de puesta en valor del entorno, con la construcción de centros de interpretación e, incluso, de museos», señala Conde. Los arqueólogos que intervienen en las excavaciones de la comarca, varios de ellos alumnos del propio Conde, comienzan a caer en la cuenta de los beneficios de reivindicar sus trabajos, de que lleguen al público. Un proceso este en el que, para Nicolás Alonso, las administraciones han tenido mucho que ver. «Ahora se reconoce y se valora lo que está cerca después de años en lo que lo único que se valoraba era lo lejano», comenta uno de los arqueólogos que participa en la prospección puesta en marcha en Bañugues. El propio Alonso apuesta por conjugar el ya mentado ecoturismo con el turismo cultural. «Lo ideal sería, en vez de pensar en grandes museos, revalorizar el entorno del hallazgo, fusionar todos los elementos. La idea de la Senda norte es un buen ejemplo: unificar yacimientos, darles un sentido», añade el arqueólogo. En el mismo sentido se expresa Alejandro García, uno de los artífices del hallazgo de Castillo de Gauzón. García pone como ejemplo la rehabilitación de la catedral de Vitoria. «Se ha abierto al público, se ha explicado el proceso de forma sencilla, y ha resultado un imán para los visitantes», explica el arqueólogo.
Así las cosas, los protagonistas de las excavaciones en marcha en la comarca de Avilés se muestran claramente partidarios de un turismo poco agresivo, en conjunción con los restos hallados y que ponga de relieve el entorno: una forma de atraer visitantes sin convertir la zona en una feria. De esta manera, la construcción de un museo de la arqueología en Avilés queda en un segundo plano. Además, el futuro Museo de Avilés que se ultima en la calle San Bernardo integrará una sala en la que se mostrarán parte de los hallazgos arqueológicos avilesinos. Algo que varios expertos consideran insuficiente por encontrar «demasiado pequeño» el museo y por vislumbrar que los únicos restos que se mostrarán son de datación medieval. «El resto de hallazgos se quedarán en el olvido», lamenta uno de los arqueólogos.