Ana G. DUQUE
Las focas que desde finales de agosto se encuentran situadas en el Ferrera ya se han convertido en una seña de identidad del parque. Los avilesinos que acuden habitualmente a disfrutar de sus jardines desconocen que la estancia de estos animales tiene los días contados. «¿Que las van a quitar? ¿Por qué?», es lo que preguntaban los avilesinos al enterarse de que la nueva fauna del Ferrera desaparecerá el día 30.
El proyecto «Enfocado», realizado por una veintena de artistas de la Escuela Municipal de Cerámica de Avilés, constituye un homenaje a la foca marina que en el año 51 llegó a la ría de Avilés. Las focas han sido decoradas con distintos materiales, como pinturas plásticas, poliuretano y metal, y esconden un significado para cada uno de los artistas. Los avilesinos que pasean por el Ferrera coinciden en que las focas deberían permanecer donde están. «Me encantan y me gustaría que se quedasen aquí», señaló Marián Álvarez, quien considera que «su presencia da alegría al entorno». María del Carmen Prieto asegura haber visto con detenimiento la mayoría de las focas y también quiere que se queden «porque adornan».
A Raquel Moreno lo que más le gusta es el colorido de estos animales y afirma que a los más pequeños les encantan. «Los críos se suben en las focas y van de unas a otras». Advierte, no obstante, que algunas «tienen hierros sobresalientes que pueden ser peligrosos para los niños». Ana Ovín ya ha visitado las focas del Ferrera en tres ocasiones. «Me gusta mucho venir a verlas». Y asegura que preferiría que se quedasen «porque dan un toque especial al parque». Añadió, además, que representan una oportunidad para los artistas: «Es una manera de darse a conocer».
Los más pequeños de la villa avilesina son los que más disfrutan con la nueva fauna del Ferrera. Paula García, de tan sólo seis años, ya ha realizado varios tours por las focas del Ferrrera y tiene muy claro cuál es su preferida: «La rosa es la más bonita», afirmó con rotundidad la pequeña.
La muestra artística ha dejado huella en los avilesinos que se han acostumbrado a pasear entre estos animales y, ahora, no se imaginan el Ferrera sin ellas.