E. CAMPO
La foto con el Niemeyer entra con fuerza en la agenda política. En cuestión de quince días sendas delegaciones de PP y PSOE visitaron las obras de construcción del Centro Niemeyer en Avilés, cumpliendo con todos los rituales del acto: equiparse convenientemente con casco y chaleco reflectante y no salirse de los itinerarios marcados por la constructora. Y estas visitas tienen una lectura que va más allá del mero interés arquitectónico de concejales y parlamentarios, ya que ambos partidos aprovecharon el acto para sellar con esa foto su apoyo al equipamiento. El siguiente capítulo es el del cruce de acusaciones: unos y otros, que recelan de intentos ajenos por rentabilizar el Niemeyer. El amor es excluyente.
Los primeros en visitar oficialmente las obras fueron los concejales del PP en Avilés, comandados por el presidente del partido en Avilés, Joaquín Aréstegui, que aseguró a la sombra del auditorio que los populares nunca habían estado en contra del Niemeyer, digan lo que digan las malas lenguas. Allí mismo reclamó al PSOE que permitiera al PP mayor implicación en el proyecto y que tuviera en cuenta sus sugerencias. Una mano tendida.
A renglón seguido, Ana Concejo, portavoz socialista, retó al PP a demostrar su apoyo al Niemeyer con su voto en las próximas decisiones que haya que tomar en torno a este proyecto. «Les damos la bienvenida al proyecto, nos alegramos de que se hayan dado cuenta de que hicieron el ridículo cuando fueron a hacer la foto al bar Niemeller», espetó Concejo. La secretaria general del PP de Avilés, Carmen Rodríguez Maniega, manifestó entonces estar harta de que el PSOE intentara apartar a los populares del Niemeyer.
La delegación socialista visitó las obras pocos días después, esta misma semana. Para muchos parlamentarios e incluso concejales era el primer contacto con la obra del arquitecto brasileño. Fernando Lastra, portavoz parlamentario del PSOE, aludió al PP en su discurso, aunque sin mencionarlo, y dio la bienvenida a «los grupos políticos que cambiaron de posición en relación a esta infraestructura». Y añadió: «Intentan sacarle rentabilidad, pero esto no es de nadie y, en cualquier caso, forma parte de nuestro proyecto político».
La mano que Aréstegui dejara extendida se cerró ayer en puño a partir de estas palabras: «Acaban de confesar que el Niemeyer no es un proyecto de ciudad, sino político, que el PSOE quiere hacer patrimonio suyo», acusó. «Enseñaron la patita», añadió mordaz.
Al Niemeyer, pues, le llueven las novias. Sólo falta una delegación de IU para completar la opereta.