CONSTANTINO
BADA PRENDES
SACERDOTE
Hoy, con tristeza, decimos hasta siempre a don Silverio, a Silverio, a mi cura, al cura que estuvo más de treinta años poniéndole rostro a Cristo en las parroquias de Laviana, San Jorge de Manzaneda y San Martín de Cardo. No voy a versar aquí su vida, ni a hacer panegíricos al uso sobre su persona. Simplemente me gustaría, ahora que ya ha partido hacia el Padre, dedicarle un recuerdo emocionado desde estas páginas de LA NUEVA ESPAÑA, el diario que puntualmente leía cada mañana -con especial detenimiento en la sección de deportes- porque dicen que, en su juventud, hubo de escoger entre el fútbol (en el que se le auguraba un futuro prometedor) y su vocación sacerdotal. Afortunadamente ganó la segunda opción y el Señor ganó el partido frente a las posibles tentaciones del «esférico». Sin embargo su vida siempre estuvo teñida de gestos deportivos: su paseo por la playa de Xagó, sus partidos de tenis, el lenguaje deportivo que utilizaba en algunas de sus homilías? Incluso el día que, siendo yo catequista, le dije que quería ser sacerdote, se golpeó la frente de alegría contra el sagrario de la parroquia de San Martín de Cardo, a modo de improvisado remate de cabeza, en agradecimiento al Señor por el «gol» de haberme contagiado su vocación.
Silverio, quizás nunca pudiste levantar la copa de la UEFA por levantar la de Cristo. Por eso a Él, a quien tan bien serviste, le pido que te reciba en el palco del estadio del Cielo y que de la mano de María, quien te hizo el «saque de honor» en tu ordenación, te entregue la copa de la vida eterna, porque te lo has merecido por absoluta «goleada». Gracias por tu vida sacerdotal. Descansa en paz.