Laviana,
Illán GARCÍA
Los feligreses de Laviana, Cardo y Manzaneda lloraron ayer en silencio la pérdida de su párroco, Silverio Díaz Martínez. Su muerte cogió por sorpresa a todos los vecinos que sólo tenían palabras de elogio para este hombre amante del deporte que, según los lugareños, trabajó siempre cerca de los más necesitados. El funeral se celebró en la iglesia de Santa Leocadia y congregó a cientos de personas así como a numerosos sacerdotes de parroquias vecinas que también quisieron despedir a don Silverio, como le conocían sus fieles. «Hasta los ateos le respetaban», sentenció un vecino emocionado. La homilía corrió a cargo del obispo auxiliar, Raúl Berzosa.
Silverio Díaz, según sus allegados, era una persona que se desvivía por el pueblo. Fue cofundador de la sociedad de festejos y ayudó a construir la cancha de tenis. Y es que a Díaz Martínez le apasionaba el deporte. «Tenía una zurda prodigiosa jugando al tenis», sentenciaba un grupo de vecinos a la puerta de la iglesia poco antes del funeral. También era un «crack» jugando al fútbol. «Fue el más tiró por la juventud», manifestó Luis Huélamo.
La muerte de Silverio Díaz conmocionó a los vecinos, que le trataban como a un gozoniego más si bien su sacerdote era natural de Valdesoto (Siero). «Me casó él», recordaba con pena otro feligrés, Roberto Fernández. «Como cura tenía un diez y como vecino, otro», subrayaba otro grupo de vecinos en las inmediaciones del templo. Ayer todo eran elogios para Silverio Díaz, el cura que durante los últimos cuarenta años dirigió espiritualmente a los vecinos de Laviana. El sacerdote también estuvo ligado a Avilés como profesor de la asignatura de Religión en el instituto Carreño Miranda.
«Su casa siempre estaba abierta, no tenía horario, siempre estaba dispuesto a ayudar en todo», recalcaban los vecinos que asistieron al funeral. La iglesia de Santa Leocadia se quedó pequeña para acoger a los familiares, amigos, allegados y conocidos de Silverio Díaz e incluso las praderas próximas al templo se llenaron de coches. El silencio acompañó los restos mortales del cura de Laviana.
Los vecinos de Valdesoto también quisieron rendir un homenaje a su paisano. A las cinco de la tarde se celebró otro funeral en la iglesia de esta localidad sierense.