E. CAMPO
Las obras de remodelación del Ayuntamiento acaban de entrar en su recta final, tras un año de trabajos y traslados coordinados para compatibilizar las mejoras con la actividad diaria en su interior. Tras muchas décadas de «parches», las estancias consistoriales están sufriendo una transformación integral, que implica una racionalización de espacios y una mejor distribución de los servicios conforme a las necesidades actuales. El aparejador municipal, Antonio Balmori, explica gráficamente los cambios: al inicio de la democracia, todos los concejales cabían perfectamente en una planta, junto a intervención y secretaría. Ahora ellos solos ocupan más del doble de espacio. Todas las mejoras y cambios, incluyendo la obra de las cubiertas, suponen una inversión de 755.000 euros. La recta final comienza con la reparación de la cubierta de Casa Aurelio: una vez que concluya este trabajo, podrá realizarse la adecuación de las estancias que faltan.
La remodelación actual del Ayuntamiento tiene un antecedente en el anterior mandato, que fue la obra del Servicio de Atención Ciudadana (SAC) en la planta baja del edificio anejo Casa Aurelio. «Esta obra fue la más importante para el ciudadano, porque ahí es donde se hacen todas las gestiones, se da la información y se deriva a los usuarios a los distintos servicios, junto con la oficina del Foco de Villalegre», indica Balmori. Anteriormente el SAC no existía como tal, sólo había dos mesas con dos funcionarios.
Otras obras no son tan visibles pero permiten el buen funcionamiento del conjunto de servicios. Es el caso, por ejemplo, de la sustitución completa de las instalaciones eléctricas. «Sirve para agilizar mucho más las tramitaciones», asegura el aparejador municipal. Es el caso también de los cerca de 60 kilómetros de cable para los dispositivos informáticos, que sustituye al anterior cableado lleno de añadidos y «remiendos». En el capítulo de ahorro, se sustituirán las bombillas por otras de bajo consumo.
La redistribución de espacios se aprovechó de la progresiva ubicación de algunos de los servicios municipales en diferentes puntos de la ciudad. Así del Ayuntamiento salieron áreas como Urbanismo, Educación y Servicios Sociales, y las que se quedan, como Secretaría, Intervención, Área Económica, Comunicación e Informática, ocupan todo el espacio del edificio, junto a los despachos de los concejales y sus correspondientes salas de reuniones.
La principal dificultad, según Balmori, fue realizar todas las obras sin vaciar el edificio. «Estamos hablando de estancias donde los funcionarios llevan trabajando desde hace muchos años, y se acumulaban muchos papeles», apunta. Esto fue un problema especialmente en la planta de Secretaría, donde se custodia mucha información sensible: actas de plenos, juntas de gobierno y comisiones, información jurídica? que se viene acumulando desde el año 1936. Lo más relevante se guardó en un pequeño archivo, y después se sacaron dos camiones de documentos: parte se guarda ahora en Divina Pastora y otra parte en el polideportivo de El Quirinal. Además, en la planta segunda se encontró un archivo de sanciones históricas.
«En el momento en que liberas la planta, la obra es ordinaria aunque engorrosa», añade Balmori. Al tirar falsos techos surgieron canalizaciones de teléfono de la posguerra, cables sin uso aparente... Además fue necesario introducir aislamientos acústicos y térmicos.
Los criterios que se siguieron para la reordenación fue contentar a todos los servicios municipales, diseñar espacios funcionales y cerrar sólo los despachos imprescindibles: para el resto se optó por oficinas abiertas donde pueden trabajar muchas personas, y modificarse las distribuciones con ayuda de mamparas. También se renovaron los aseos y se anuló la instalación de la calefacción que existía, cambiándola por bombas de calor. Además se recuperó el suelo de madera original de la planta de los concejales, un trabajo que «dio mucha guerra». Todas estas tareas forman parte de los más de dos tercios de obra ya finalizados.