Lne.es » Avilés
 Noticia anterior   Noticia siguiente 

El escopeto

n De cómo los bildeanos arreglan sus líos a tiros, si llega el caso

 
Enviar
Imprimir
Aumentar el texto
Reducir el texto
El escopeto
El escopeto  

JAVIER GANCEDO De nuestro corresponsal,

Falcatrúas

Alguna vez dijimos que en Bildeo había como mínimo una escopeta en cada casa, junto con algún cartucho de dinamita de origen desconocido. Aquí la gente es de armas tomar, o lo era al menos en generaciones anteriores; hoy día está todo bastante descafeinado, ya no hay paisanos con la sangre ferviendo, nada más que quedan vieyos que no pueden con los calzones.

Todo tenía su aplicación, las escopetas por si se atravesaba algún bicho por el monte, susceptible de ir a la cazuela; un cartucho de dinamita siempre hacía falta por si se desprendía una peña y bloqueaba un camino, o para volar un sierro(*) de esos que afloran del suelo e impiden la maniobra de los autobuses en la plaza del pueblo, como pasó el día de la boda de Mercedes del Xastre, la maestra, con Pilín el Turuta, el que toca el acordeón. ¿Que cómo pueden llamar turuta a un acordeonista? Ya lo contamos en la crónica correspondiente, son cosas de Bildeo, como las hay en otras partes. ¿No perforaron los túneles en Gijón para el metrotrén y ahora van a servir para cultivar champiñones? ¿No encajaron el Calatrava a calzador en Oviedo, a sabiendas de que no cabía, y lo dejaron ahí, amenazando, empujando a los edificios de alrededor?

Repasando las historias publicadas de Bildeo, no soy de recordar haber mencionado a los Dalton, unos hermanos de Casa Remangalnabo, de hondas raíces bildeanas, que anduvieron a tiros no solamente con algunos vecinos, sino entre ellos mismos, por cuestiones de herencias y cosas por el estilo de importancia capital en las aldeas, donde la propiedad de un huerto puede dividir familias y originar agravios que justifican reyertas que pasan de padres a hijos.

Cuentan que uno de los hermanos tenía una tierra de labor, pegada a la de un vecino, y la división entre ambas fincas era una línea imaginaria entre dos mojones de piedra que sobresalían de la tierra en el pico y en la fondada. El vecino tenía un semillero y el perro del Dalton anduvo por encima de las plantas recién nacidas y estropeó lo que le pareció. El vecino fue a llamar la atención al Dalton en cuestión:

-Oye, ese perro tuyo estropeome el semillero; procura que no vuelva a ocurrir, porque pásolo pa Tineo de una patada.

-Non te equivoques, que el perro tien quien lo defienda.

Estos follones empiezan siempre así, tontamente, por un perro o una pita. La cosa fue enrodiellándose y si uno se ponía arrogante, más desafiante se ponía el otro. Una vez bien calientes los dos, liáronse a hosties, pero el otro era más joven y fuerte y el Dalton durante la negociación cobró bastante más de lo jugao.

Ahora que estoy relatando esta pelea, no me puedo resistir a contar lo de aquel que iba con la cara como hinchada como un pan y encuentra a un amigo:

-¡Coño, Fulano!¿Qué te pasó?

-Nada, que discutí con un julay por una bobada de tráfico.

-¿Y pegásteisvos?

-¿No se ve? Empezamos, sopapo, sopapo vien y sopapo vien, sopapo vien?

De la misma manera, el Dalton, viéndose vapuleado, fue pa casa bufando, volvió con una pistola, le pegó un tiro al vecino y luego se pegó un tiro a sí mismo en una pierna, detalle con el que posteriormente intentó alegar defensa propia. Pasó una temporada a la sombra y tuvo que vender parte de la casería pa pagar buenos abogaos. La historia no dice qué fue del vecino tiroteado, que no murió, la gente solo se ocupa de los ganadores y de los rebecos, olvidándose de los mansos y de los perdedores. Tampoco consta si el perro siguió a lo suyo, mexando en el semillero.

Por cierto, algunos lectores, hay gente pa todo, preguntan en LA NUEVA ESPAÑA para qué sirven estas historias increíbles de un concejo que pocos son capaces de localizar en el mapa, porque a efectos informativos, en los medios de contaminación sólo interesan los concejos grandes, los del rompecabezas de Ciudad Astur, Asturocho, Asturcity, Fresneyork, o como lo quieran bautizar. A estos pueblos olvidados que no cotizan en Bolsa ni interesan a nadie porque no representan votos, sólo les queda lo de genio y figura, grabado a fuego en alguno de sus escudos nobiliarios: «Los que de casa grande descendemos, o comemos tarde o no comemos».

(*)Sierro, una peña que asoma en el suelo, como si fuera la punta del iceberg de una formación pétrea mucho mayor, a la que podríamos considerar «la de su madre».

Seguiremos informando.

COMPARTIR
 

Dirección única

BLOG - JAIME LUIS MARTIN
 

Club Prensa LNE Avilés

BLOG - CLUB PRENSA AVILES
 

Filazón

BLOG - ESTHER GARCÍA
 

Notas al margen

BLOG - VICENTE MONTES
 

Por la Vía Láctea

BLOG - ALBERTO DEL RÍO LEGAZPI
 

Billete de ida y vuelta

BLOG - LUIS M. ALONSO
 

Desde El Cobayu

BLOG - JAVIER FEITO
     CONÓZCANOS: CONTACTO |  LA NUEVA ESPAÑA |  CLUB PRENSA ASTURIANA |  PUNTOS DE VENTA |  PROMOCIONES    PUBLICIDAD: TARIFAS| AGENCIAS|CONTRATAR  
Lne.es y La Nueva España son productos de Editorial Prensa Ibérica
Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos ofrecidos a través de este medio, salvo autorización expresa de La Nueva España. Así mismo, queda prohibida toda reproducción a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, Ley 23/2006 de la Propiedad intelectual.


  Aviso legal
  
Otros medios del grupo Editorial Prensa Ibérica
Diari de Girona  | Diario de Ibiza  | Diario de Mallorca  | Empordà  | Faro de Vigo  | Información  | La Opinión A Coruña  |  La Opinión de Granada  |  La Opinión de Málaga  | La Opinión de Murcia  | La Opinión de Tenerife  | La Opinión de Zamora  | La Provincia  | Levante-EMV  | Mallorca Zeitung  | Regió 7  | Superdeporte  | The Adelaide Review  | 97.7 La Radio  | Blog Mis-Recetas