Juan C. GALÁN
Ricardo Mendes camina por la estancias del palacio de Camposagrado con tiento, como si bajo sus pies se extendiera una alfombra que pudiera quebrarse a la mínima presión. Las manos en los bolsillos, el cuerpo ligeramente inclinado hacia adelante, símbolo de su retraimiento, sus ojos color tizón buscando en el infinito las palabras que su boca no es capaz de articular. Utiliza una especie de «portuñol» meramente intuitivo. Lleva pocos días en Avilés y casi no conoce a nadie. Es lo que tiene ser el primer estudiante de Erasmus de la historia que complementa su formación en un centro ubicado en Avilés: la Escuela Superior de Arte.
La apertura del centro a Europa ha propiciado la estancia de Mendes en la ciudad. La dirección del centro lo ha ubicado en un piso de la calle Rui Pérez junto a otros tres compañeros en la escuela. «No hablo mucho con ellos. Me limito a ir al supermercado, comer e ir a clase», comenta Mendes. Su vida es, aún, rutinaria, exactamente como él mismo se imaginaba que sería en sus primeros días de estancia en Asturias. Él mismo eligió destino cuando sus profesores en la Escuela de Arte de Oporto le propusieron, el pasado curso, las posibilidades que tenía de formarse allende las fronteras portuguesas. Había visto fotografías de Asturias por internet y Mendes, que ha elegido la estética como su guía, se vio engatusado por la belleza de las imágenes del Principado.
El primer Erasmus que acoge la Escuela de Arte reconoce que su imaginación coincide con la realidad. «Me imaginaba que Avilés era una ciudad tranquila y así es. Oporto es una ciudad caótica y ruidosa. Aquí, a las tres de la tarde no hay nadie en la calle», señala el estudiante portugués. Lo que no se imaginaba Mendes era la belleza del casco antiguo de Avilés. «Me ha sorprendido lo bien conservado que está todo, es muy inspirador», señala el luso, que desorbita los ojos al conocer el pasado industrial de la ciudad. «No me lo puedo creer», sentencia.
Ricardo Mendes comenzó su flirteo con el arte en su etapa de educación Secundaria. Primero, como una asignatura más. Luego, al descubrir su habilidad para diseñar carátulas de CD y DVD, decidió involucrarse aún más y estudiar Diseño gráfico. En Oporto completó los dos primeros años de los estudios de la especialidad. En Avilés permanecerá hasta enero para avanzar en el tercer curso, que completará en su Oporto natal para, posteriormente, elaborar su proyecto fin de carrera. «Lo único que quiero es aprender, ampliar mis horizontes y llevarme a Portugal otra manera de entender el diseño gráfico. En España es más popular que en Portugal», comenta Mendes. De momento, los primeros días de clase en Camposagrado han entusiasmado al estudiante portugués. Tipogradía digital, fuentes de creación? asignaturas que han despertado la curiosidad de Mendes.
De mayor, este portugués de 19 años quiere diseñar la imagen al exterior de cualquier empresa que se interese por sus servicios. Ese es su sueño. Otea por la ventana de una de las estancias de Camposagrado y vislumbra la cúpula del Niemeyer. La señala con el índice. «¿Eso es el Niemeyer?». ¿Lo conoce?. «Sí, he oído hablar de ello. Interesante. Me pasaré por allí a ver las obras», concluye este joven recién llegado a la Escuela.