Myriam MANCISIDOR
Para Marietel Suárez la medicina no es una carrera universitaria, sino una pasión. Sus manos le han devuelto la salud a miles de niños y sus ojos, azules y despiertos, han sido testigos del milagro de la vida. Suárez llegó al San Agustín el mismo año que se inauguró el centro, en enero de 1976. Ahora, 34 años después y a punto de cumplir los 65, colgará su bata. Le ha llegado la hora de la jubilación. Marietel Suárez, que se despide como jefa de pediatría, ya ha comenzado a recoger su despacho, ubicado en la tercera planta del hospital, y a ordenar sus recuerdos profesionales.
«Cuando entré en el San Agustín todos los que trabajábamos aquí éramos muy jóvenes. Había gente de Avilés que decía: "No vayáis a la residencia, que los médicos son unos críos". Eran tiempos preciosos, todos nos ayudábamos y pusimos en marcha este hospital con el firme propósito de hacer las cosas bien», sentencia Marietel Suárez, que anteriormente había realizado su especialidad con Rodríguez-Vigil en el Hospital Universitario Central de Asturias.
Marietel Suárez se hizo un hueco en el corazón de los más pequeños. En 1996 la nombraron jefa de pediatría tras la jubilación de José Domínguez y le puso a su trabajo aún más ganas e ilusión. Nunca dejó de pasar consulta. «Siempre quise hacer medicina y eso que no tengo a ningún médico en la familia. Los niños me encantaban y en la Facultad tuve a un catedrático maravilloso que me hizo decantarme por la pediatría. En su día quise hacer también psiquiatría infantil, pero ese sueño se quedó en dos años de Psicología», explica. Marietel empezó a trabajar muy joven y con Rodríguez-Vigil aprendió a tratar a los niños de forma integral, a estudiar cada caso más allá del dolor.
El trato humano hacia los pequeños, su actitud y vocación durante su carrera fueron su mejor carta de presentación. Natural de Trubia, Suárez se desplazó con su familia a Mieres con sólo 6 años. Creció en la Cuenca, estudió en la Pontificia de Salamanca y cuando trabajaba de residente se casó. Pronto engendró a su primer hijo. Siete años después, ya en el San Agustín, tuvo una niña. Ahora es abuela. «El trabajo y la familia me han llevado todo el tiempo y, ahora, treinta y cuatro años después, me voy contenta porque es lo que quiero. Estoy bien física y psíquicamente y no quiero vivir pendiente del reloj», asegura esta mujer, que ya tiene planificado su calendario de jubilada. Tiene previsto viajar, jugar al golf, realizar labores y también estudiar Historia del Arte. «Quiero más tiempo para mí», añade. Y es que Marietel Suárez realizó guardias de 24 horas hasta los 52 años. «Y jamás me gustó madrugar», recalca. Pero cada día le sonaba el despertador. Su turno en el San Agustín empezaba a las ocho de la mañana y, oficialmente, finalizaba a las tres. Pero Marietel Suárez dedicó muchas horas a trabajos relacionados con la profesión: fue responsable de un estudio sobre malformaciones congénitas, participó en la elaboración del plan de infancia del Ayuntamiento de Avilés y fue miembro del comité asesor de vacunaciones y enfermedades inmunoprevisibles. Y, luego, su obsesión: la nutrición y la obesidad infantil.
«Al principio me llevaba a los pacientes a casa, pero aprendí que no era bueno ni para mí ni para mi familia. En el hospital jamás quise prescindir de mis niños y a muchos los recuerdo por su nombre y apellido: unos porque presentaban cuadros clínicos graves y complicados, otros por su fuerza y vitalidad», manifiesta Marietel Suárez, que trató, por ejemplo, al primer niño trasplantado de hígado de Asturias. Por su manos pasaron miles de pequeños. Y la salud de los niños ha cambiado en los últimos 34 años.
«La salud de los pequeños ha mejorado porque ha mejorado el conocimiento en cuanto a nutrición: cuando empecé en el San Agustín veíamos a muchos niños deshidratados porque los padres no sabían hacer bien los biberones con leche en polvo. Hoy esto es impensable. También han desaparecido prácticamente el sarampión o la rubeola, pero han aumentado, por ejemplo, el asma o la dermatitis», confiesa Marietel Suárez. ¿Y la explicación? «La polución, el cambio climático, la alimentación y también el exceso de cuidados. ¿Ahora cuándo se ve a un niño jugar en la tierra? A los niños se les sobreprotege y hay que saber decirles no. Quizá muchos problemas que tienen hoy en día los adolescentes y los adultos derivan de una infancia en la que no les dejaron frustrarse, caerse y levantarse de nuevo», dice.
Marietel Suárez desconoce por el momento quién le relevará al frente del área de pediatría del San Agustín. Pero está tranquila. «Aquí hay muy buenos pediatras, gente que vela por la salud de los más pequeños día y noche», concluye esta mujer, que en Avilés hay quien cree que es un ángel de los niños. Para ella su único mérito ha sido trabajar para salvar vidas.