Juan C. GALÁN
La inmigración no sólo ha cambiado la realidad tangible de Avilés. También ha transformado los asuntos inmateriales, los tocantes a la fe. El descenso en el número de bautizos religiosos en Asturias se ve mitigado por las costumbres de los inmigrantes, sobre todo los provenientes de América Latina, aún intactas. En el caso de Avilés, el barrio de Versalles es paradigmático: en 2008, de los veinte niños bautizados en la parroquia de Cristo Rey, ocho fueron de origen dominicano, la comunidad de inmigrantes más nutrida del barrio. En lo que llevamos de 2009, el párroco José María Cantera ha bautizado a un niño de origen dominicano, otro ecuatoriano y otro nigeriano, por nueve autóctonos. La proporción es de casi el 50 por ciento, lo cual excede ampliamente la media regional de población inmigrante, que representa poco más del tres por ciento.
Una de las niñas de origen dominicano que se bautizaron en Versalles en 2008 es Anabel Peláez. La ceremonia tuvo, además, premio. Su madre, Ana María Peláez, muestra con orgullo el diploma acreditativo de que su niña protagonizó, el 23 de marzo de 2008, el bautismo número 1.001 en la historia de la parroquia. Anabel, que el 4 de diciembre cumplirá 2 años, corretea ahora libre por las calles que en su día, hace seis años, acogieron a sus progenitores. «Toda mi familia estaba asentada en Versalles. Yo fui la última en venirme de la República Dominicana», explica su madre, Ana María Peláez. Una vez instalada en Avilés, a esta joven dominicana le chocó la falta de religiosidad de los españoles. «En mi país somos muy católicos, y ésa era la imagen que tenía de España, pero me sorprendió que la gente fuera poco a misa», afirma Peláez.
El párroco José María Cantera es uno de los artífices del auge de bautismos de hijos de inmigrantes en Versalles. «Siempre he tratado a los inmigrantes como al resto de vecinos y ellos han respondido acudiendo a la iglesia. Aún mantienen ese espíritu cristiano que quizá se está perdiendo entre los nacidos en España», sostiene el párroco. Su carácter integrador ha propiciado que cada 8 de septiembre la comunidad dominicana celebre en la parroquia el día de su patrona, Nuestra Señora de Altagracia.
Cantera sustenta con datos el descenso de bautismos entre los nacidos en España: en Versalles se bautizaron tan sólo 16 niños en 2004 por los 55 de 1970. «Es cierto que hay mucha gente que se declara católica pero no practica. Muchos optan por no bautizar a sus hijos hasta que sea el niño el que decida lo que quiere hacer cuando tiene uso de razón», explica Cantera, que, además, asocia el descenso en los bautismos religiosos al bajón demográfico entre la población autóctona.